En el tema cambiario, como en tantos otros, vivimos discutiendo los síntomas y no las causas. Hablar de devaluación nunca es grato, la devaluación empobrece a la gente y no es la solución a los problemas de fondo. Pero un tipo de cambio atrasado deja a los sectores productivos fuera del mercado, no pueden competir y eso genera desempleo. El atraso cambiario también es una ficción y hay veces que hay reconocer que somos más pobres de lo que creemos o de lo que nos hicieron creer. Por eso parafraseando a Clinton, digo que el problema no es el dólar, "es la inflación, estúpido".
Devaluar sin plan y sin generar confianza es como combatir una infección con paños fríos para bajar la fiebre. Es posible que la fiebre haya que bajarla y que los paños fríos ayuden, pero la infección se la combate con antibióticos. El atraso cambiario, como la fiebre, vuelve rápidamente si no combatimos la inflación. Es la inflación la que nos corre el arco todos los días. El problema es el peso que se debilita, no el dólar que sube.
Frases como "el que apuesta al dólar pierde", "el que depositó dólares, recibirá dólares" o "los que quieren ganar plata a costa de la devaluación y del pueblo, van a tener que esperar a otro gobierno" son expresiones de deseo que no sirven para nada. Son como las confirmaciones explícitas de algunos dirigentes de fútbol, una semana antes de despedir a un técnico.
La inflación es la que diluyó el efecto de la devaluación de enero y la que va a diluir el efecto de cualquier devaluación futura. Para que una devaluación sea exitosa, tiene que poder convencernos de que será la última por mucho tiempo y para eso será necesario un plan antiinflacionario creíble. Además, un plan creíble disminuye la devaluación necesaria.
Podrán decirme que la inflación también es un síntoma y que detrás hay problemas más de fondo como el déficit fiscal, pero eso puede ser motivo de otra columna de opinión.
Lamentablemente tengo pocas esperanzas de que vayan a presentar un plan creíble. Si no reconocen que la inflación es del 40%, porque dibujan otros números con el INDEC, no pueden generar credibilidad. Si siempre buscan culpables externos en lugar de aceptar que los problemas de la economía son autoinfringidos, no van a presentar un plan para corregir sus errores. Es como un alcohólico que cree estar en control de la situación, el primer paso siempre es reconocer el problema.
En los últimos meses a la situación interna se le agregaron algunas luces amarillas en el frente externo, es cierto. El fuerte viento de cola que nos acompañó todos estos años se está frenando (todavía no se puso de frente). El menor precio de la soja y la fortaleza del dólar no son buenas noticias. Pero no estamos lejos de los precios de 2007, cuando el país todavía crecía a tasas chinas.
Creo que los funcionarios económicos son instrumentales, es el poder político el que tiene que dar señales claras. Las medidas de los últimos días son más de lo mismo y generaran los mismos resul tados. Habrá más inflación, más desempleo, menos crédito.
Espero que el gobierno reconozca los problemas y comience a buscar soluciones de verdad, sin magia. Todavía están a tiempo y hay oportunidades claras por delante, como la negociación con los holdouts en los términos más convenientes posibles para el país. La esperanza es lo último que se pierde.