La economía no se va a levantar si depende de un veredicto cotidiano

La Argentina está envuelta por una nube que no deja ver ningún horizonte. Pero no es lo mismo no verlo que no tenerlo. La incertidumbre que reflejan los principales indicadores financieros representa las inquietudes de un sector particular, que es gravitante para nuestro país porque controla los resortes del financiamiento que necesita el Estado. Pero sus intereses no son congruentes con los del resto de la sociedad.

El mercado cambiario está enfocado prácticamente en la asignación de un solo bien, que hoy es extremadamente escaso: el dólar. Los que acceden a sus operaciones son empresas e inversores que pugnan por mejorar sus márgenes, en el medio del volumen habitual de operaciones financieras o de comercio exterior. En ese volumen, cada centavo cuenta. Sobre todo porque la falta de liquidez garantiza una tendencia inevitablemente alcista. El Banco Central es el único que vende y nunca cubre la demanda.

El ahorrista está atrapado en esta carrera. Aunque nunca pueda ir a la misma velocidad, prefieren correr por la misma calle que los grandes jugadores. Lo empuja un reflejo defensivo que ya está dentro del ADN local: siempre será mejor tener un dólar en la mano que un peso devaluado.

¿Qué factores favorecen esta tendencia? Ya no hay Lebac disponibles para crear la ilusión de que la moneda local permite alguna ganancia. Con su rescate, el BCRA le quitó presión a la inflación de mediano plazo pero perdió un factor de demanda de pesos. Y dejó librada a la ansiedad argentina (por el compromiso asumido con el FMI de intervenir en el mercado solo en casos disruptivos, vale aclarar) una dolarización que pega saltos inexplicables, sin que quede claro qué es lo que pierde el conjunto de la sociedad cuando el peso se hunde un poco todos los días.

La incertidumbre perdura porque el ciudadano común no sabe si hay anuncios que hacen bien y otros que hacen mal. Lo que nunca ayudará es pensar que se puede vivir con un veredicto diario. La confianza no se rifa día por día. Si no hay horizonte a la vista, seguir al GPS es mejor que saltar en cubierta.

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