OPINIÓN

La economía argentina en elecciones y el mensaje de los defensores de la libertad

El avance académico excepcional de los clásicos representado por "una mano invisible" que orientaba con sapiencia la economía se materializó en una banalización política en los siglos XX y XXI. Es momento de separar la paja del trigo.

En el mundo de las ciencias sociales, nunca pasan inadvertidas las contribuciones del pensador escocés Adam Smith. Independientemente de lo venerado o rechazado que pudieran ser (o hayan sido) sus aportes, resulta imposible negar su omnipresencia. Esta nota no se propone estudiar a Smith, sino tomar algo (prácticamente nada, en realidad) de sus ideas a los efectos de reflexionar sobre las teorías y políticas actuales propuestas que, por simple repetición coreográfica, surgen de la oratoria de algunos candidatos en este proceso electoral.

Así como otros autores clásicos de los Siglos XVIII y XIX, Smith se interesó por las contribuciones del físico y matemático inglés Isaac Newton vinculadas a la existencia de un universo gobernado por leyes naturales donde nada cambia en el tiempo. El resultado de sus investigaciones lo llevó a pensar en la existencia de una interminable repetición temporal en un marco de armonía.

Observando estos progresos, Smith y otros pensadores contemporáneos creyeron posible construir estructuras analíticas liberadas de juicios de valor (de la política de los gobiernos, por ejemplo) y gobernadas por las leyes naturales imperantes en la sociedad.

El esquema se asemejaba a la mismísima voluntad de Dios en la economía, una sabiduría social superior que no debía ser interrumpida por "la mano visible" del Estado. En palabras de Smith, "en la medida en que todo individuo intenta por todos los medios emplear su capital en apoyo de la industria nacional y orientar así esa industria de manera que su producción sea del máximo valor, todo individuo trabaja necesariamente para conseguir que el ingreso anual de la sociedad sea el máximo posible. Ciertamente, en general, ni pretende promover el interés público, ni sabe cuánto lo promueve" (Smith, 1776).

La mano invisible y la política en la Argentina

Este avance académico excepcional en materia de coordinación macroeconómica alcanzado por Adam Smith y los clásicos en esos tiempos, representado por "una mano invisible" que orientaba con sapiencia y divinidad a los empresarios, se materializó en una interesante banalización política tanto en los Siglos XX como XXI y en sensibles crisis en las regiones subdesarrolladas (especialmente en América Latina).

A fines de los setenta, por ejemplo, se podía ver en la televisión argentina sillas nacionales colapsando groseramente frente a las importadas; en los noventa, prácticas para dolarizar la economía y, entre 2016 y 2019, inmersos en una inédita ola de marketing coordinada por equipos especializados en redes sociales, el atroz desprestigio del Estado y la promoción de "la mano invisible" cuando se afirmaba que desde la pobreza nunca se llegaba a la universidad; se lamentaba por "la caída" en la educación pública y se transmitía "el clamor" de los patriotas de la independencia de 1816 por relevarse al "querido rey".

En realidad, el denominador común era el sensible desprecio por todo lo estatal (una vez más), su subyacente plan de desguace y la proliferación de negocios privados (con el Estado, obvio). Esos mensajes aseguraban que la mano invisible haría su trabajo pero, en lo cotidiano, nada de eso ocurría.

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El resultado final se consumó en colosales contradicciones y engaños porque la misma acción comunicativa que acompañaba a esos procesos históricos también afirmaba que todo se hacía en defensa de los desposeídos cuando, en esencia, la oratoria era una suerte de paliativo (la aceptación de la realidad divina) y un contundente ataque a las instituciones.

¿Por qué? Porque si bien los clásicos crearon e instalaron los cimientos de una ciencia para ese momento histórico (con críticas al mercantilismo de los Siglos XVI y XVII), sus aportes nunca constituyeron un producto comercial preparado para instalar y hacer funcionar. Su armado requirió discursos vacíos de contenidos sin las necesarias advertencias. Por ejemplo, no se decía que a nivel macro la corrección del déficit fiscal (la búsqueda de ahorro público) y la reducción del salario, implicaban menos gasto (y actividad), más malestar social y no garantizaban la llegada de una iniciativa privada decorosa.

El dogma de la libertad individual

Actualmente, toda esa divinidad luce necesaria pero no parece suficiente. El profesor Angus Deaton sostiene que si bien ahora en el mundo la vida es mejor que en cualquier otro momento de la historia, millones de personas aún experimentan la miseria extrema, la muerte prematura y una inédita desigualdad generada por el progreso.

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Quienes profesan el dogma de la libertad individual a rajatabla y el funcionamiento de la milagrosa "mano invisible" rechazan la intervención de aquellos gobiernos que intentan (con más o menos eficacia/eficiencia) corregir esas brechas. Incorporando un marketing puntilloso para que el mensaje llegue, se concentran en denunciar la corrupción (un concepto medianamente entendible a nivel doméstico) y manejar las imágenes (y tiempos de publicación).

Resulta evidente que se esfuerzan por preservar "la voluntad divina" y desechar toda otra versión, especialmente si se acepta que "la ausencia de libertad es la pobreza, la privación y la salud precaria (Deaton, 2015)" y se descubre, como lo hizo el mismísimo Smith, que "el deseo de los hombres de negocios es el de monopolizar el comercio aunando fuerzas//...// determinan precio más altos limitando la producción" (Landreth / Colander, 2006).

Entonces, ¿por qué se convalidan estos discursos que luego se transforman en medidas perjudiciales para el mismo votante? Por las narrativas y su acción comunicativa que, por lo general, "tienden a mostrar una preocupación casi conmovedora por la realidad a pesar de que sus argumentos de fondo carezcan de solvencia e incluso sean absurdos" (Shiller, 2021).

En la Argentina, el cambio se embanderó en el cuidado de la eficiencia y la libertad con consignas contrarias a una política asociada siempre con la corrupción. Sin embargo, sólo para poner un ejemplo, "se olvidó" que el mundo combatió la pandemia con estrategias políticas activas en un marco de un total desconcierto y sin recursos económicos (Argentina) en el que, claramente, "la mano invisible" (la no política) habría ocasionado una escandalosa tragedia ¿Entonces? ¿Sólo se trata de una búsqueda de poder generando volatilidad para que toda la furia recaiga sobre la economía?

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Reflexionando a la distancia

Es una realidad hoy que vacuna, salud y bienestar económico van de la mano. Sin embargo, la banalización de las proclamas auspiciantes de la libertad irrumpen (e interrumpen) ese gigantesco proceso de coordinación con consecuencias trágicas que, luego, ese mismo marketing talla en las piedras.

De todos modos, más allá del "acting capta seguidores", paradójicamente, la libertad nunca se cercenó en la Argentina. Para confirmarlo, sólo debe recordarse la pasividad del poder represor del Estado en los episodios vandálicos ocurridos en Plaza de Mayo, el Obelisco y la esquina de Uruguay y Juncal de la Ciudad de Buenos Aires (y comparar con la firmeza de las medidas aplicadas en Europa). En cambio, sí se constata el daño ocasionado a las instituciones y al orden micro y macroeconómico por las maniobras pro libertad asociadas al deterioro de la confianza y la supuesta represión en pandemia; una construcción bien pensada (y recurrente en la historia). De todos modos, ahora la economía crece y lentamente maduran los procesos de inversión y empleo.

Lo ideal es vivir en un mundo de plena libertad individual pero, primero, se debe poseer el temple para definir conceptos integrando el derecho a la igualdad en la vida en comunidad (como lo hace Denton) y, segundo, nunca perder de vista el simple hecho de que las leyes no se diseñan a medida (favorecen a unos, perjudican a otros). Este es el momento socioeconómico ideal para comprender las ideas inmersas en todo ese andamiaje político y diferenciar entre marketing y realidad (separar la paja del trigo).

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Comentarios

  • SD

    Sergio Darío

    23/08/21

    Les doy una recomendación a los inversores: No inviertan en petróleo. Va a dejar de usarse. El mundo se está pasando al hidrógeno. El hidrógeno se viene usando como combustible para propulsar naves espaciales, debido a su alta eficiencia. Pero ya existen autos, camiones, colectivos, trenes, barcos y aviones a hidrógeno. Si no me creen, simplemente googleen: "Avión a hidrógeno", Tren a hidrógeno", etc. Extrañamente, ayer en A 24 Energía Argentina, hablaban a favor del petróleo. No sé quien se beneficia con tamañas mentiras. Tal vez gente que está deshaciéndose de sus acciones de empresas petroleras...

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