La deuda es un problema de modelo: el Gobierno mira los índices incorrectos

La interpelación al ministro de Finanzas, Luis Caputo, ha dejado en claro que el Gobierno no dimensiona el problema de la deuda argentina: su crecimiento exponencial, su velocidad y su objetivo. El relato del Ejecutivo va en una dirección y la realidad se fuga exactamente hacia la opuesta. ¿Estamos a tiempo de cambiar la inercia de nuestra historia y solucionar este endeudamiento sin rumbo? Sí, pero el primer paso es atacar el problema a través de diagnósticos correctos.

Para eso el Gobierno tiene que dejar de evitar el debate sobre la sustentabilidad de su modelo de déficit comercial y fuga de capitales crecientes. Argentina ha ingresado en una lógica peligrosa: depende cada vez más del endeudamiento externo y no está creando capacidad de repago. Mientras el Gobierno encuentra sus puntales en el ajuste y el endeudamiento, brilla por su ausencia tanto en su discurso como en sus políticas la agenda productiva –que es la única que genera los dólares genuinos para pagar la deuda contraída.

El Gobierno tiene que dejar de evitar el debate sobre la sustentabilidad de su modelo de déficit comercial y fuga de capitales crecientes.

Para negar el problema, el gobierno mira una sola variable: el ratio de deuda sobre PBI. Pero existen indicadores más amplios que dan cuenta de la salud del modelo, como el que mide el nivel de deuda sobre las exportaciones del país, que hoy equivale a cuatro años de las ventas argentinas al exterior. Otro indicador que muestra el problema: el peso de los intereses sobre los ingresos del sector público, que en 2017 los superaron por encima del 11%.

Ningún indicador señala que el camino que sigue el Gobierno sea el correcto para el futuro de Argentina. De acuerdo con los últimos datos de junio de 2017, el stock de deuda pública en moneda extranjera con terceros alcanzó los u$s 135.000 millones –85% respecto de diciembre de 2015–. El panorama se agrava si miramos la sustentabilidad: en 18 meses, la deuda pasó del 14% al 24% del PIB y del 129% al 231% de las exportaciones.

Ningún indicador señala que el camino que sigue el Gobierno sea el correcto para el futuro de Argentina.

Quienes provenimos del desarrollismo sabemos que el endeudamiento no es bueno ni malo per sé. Lo que define su utilidad es el “para qué de la deuda. Si es para potenciar las fuerzas productivas, industrializar la economía y fomentar las exportaciones de alto valor agregado, claramente es útil. Pero si  –como sucede hoy– el Gobierno usa esta herramienta para atender gastos corrientes y financiar un déficit externo creciente y estructural –sin generar capacidad de repago–, la deuda nos conduce hacia un callejón sin salida.

Este modelo ya lo vivimos y sabemos a dónde nos lleva: a la primarización y a la dependencia del endeudamiento crónico. La economía productiva es la que genera los dólares genuinos para que el país pague las deudas que hoy está contrayendo y, además, la que permite construir un modelo sustentable en el tiempo. Un modelo que genere empleo y valor agregado en origen. Es tiempo y estamos a tiempo de cambiar, resta que el Gobierno promueva el debate en lugar de huirle.  

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