ANÁLISIS

La Argentina y el FMI, una novela para Netflix

La Argentina y el Fondo Monetario Internacional, en estos días, viven un nuevo capítulo de lo que va a ser la vigésima tercera temporada y que seguramente va a competir con alguna de las mejores series de Netflix, llena de suspenso, intrigas, negociación, amenazas, búsqueda de aliados y un final que quedará abierto hasta el último capítulo.

A lo largo de los años la Argentina y el FMI han aprendido a convivir, han sido una pareja que vivió con encuentros y desencuentros, en una relación en la que hubo muchas tensiones, fuertes discusiones, acusaciones mutuas pero que nunca llegó a quebrarse.

Todo empezó allá por 1958 con el primero de los 22 programas que ha tenido la Argentina y que incluyó devaluación, inflación y austeridad para la política monetaria y fiscal. Eran los años en los que había que pasar el invierno, y todo ese esfuerzo se hacía por un préstamo de u$s 75 millones, lo que hoy sería cambio chico.

Durante los últimos sesenta años Argentina ha estado más de la mitad del período con programas con el FMI, y si la relación fue traumática en parte se explica porque al Fondo lo llamaron cuando las papas quemaban y lo que se necesitaba eran dólares.

Hasta los años 80', las crisis no eran profundas, eran las famosas crisis de balance de pagos en las que había un tipo de cambio atrasado y el país se había quedado sin reservas. La solución era relativamente simple, un programa que incluyera una devaluación y ajustes en las políticas monetaria y fiscal y la economía se reencausaba relativamente rápido. El FMI venía, sacaba la receta de Washington, ponía dólares y al poco tiempo hacía una retirada digna. Era el chivo expiatorio del ajuste.

La situación tuvo un grado mayor de complejidad a partir de la crisis de la deuda a principios de los años 80', cuando aparecieron las crisis macro-financiera, en las que los problemas eras más complejos porque al problema de reservas se le suman crisis bancarias y de deuda. La devaluación no era ya la solución porque aunque mejoraba el balance comercial complicaba el pago de la deuda que estaba denominada en dólares, con lo que muchas veces profundizaba la crisis. Aparecieron los dilemas de política económica porque el problema eran los stocks de deuda pública y privada y los depósitos en moneda extranjera y para solucionarlos hacía falta mucho más financiamiento.

El FMI no estaba preparado para enfrentar ese desafío, porque no tenía el capital suficiente para asistir a los países mientras que el recetario no incluía medicinas para las nuevas cepas. El resultado fue programas que se hacían eternos y en el que los resultados eran magros.

Los programas de 2000 y el de 2018 dejaron un sabor amargo porque terminaron en crisis, con fuertes caídas del ingreso, aumentos de los niveles de pobreza y la sensación de que el FMI fue parte del problema y no de la solución.

Llegamos así a la situación actual, en la que la Argentina le debe al Fondo u$s 44.000 millones, de los cuales 18.000 millones vencen el año que viene y las alternativas son negociar un nuevo programa o entrar en default con el FMI, lo que tendría consecuencias difíciles de prever.

¿Qué busca el Fondo con un nuevo programa? Principalmente evitar que su principal deudor no le pague y enfrente el default más importante de su historia. Prefiere un programa, pero el Fondo tiene reglas para su otorgar sus préstamos y difícilmente las cambie por la Argentina. Lo que sí seguramente va a mostrar es mucha flexibilidad en la condicionalidad dado que la pobreza es muy alta y que la pandemia hace todo más difícil.

Para la Argentina un acuerdo también sería ventajoso, porque sin financiamiento no puede pagar los vencimientos y un default con el Fondo nos dejaría en compañía de los parias de este mundo y marginados del Banco Mundial, y el BID entre otros.

¿Qué busca el Fondo en la negociación? Básicamente asegurarse que la situación macroeconómica le permita a la Argentina pagar su deuda. El FMI no tiene apuro y ambiciona un programa que reduzca el déficit fiscal o incluso genere un superávit, que aumente las reservas netas y que baje el riesgo país que sumado a reformas estructurales que mejoren la competitividad y favorezcan la inversión y el crecimiento de largo plazo para mejorar la capacidad de pago. El gran desafío será acordar condiciones que sean aceptables para ambas partes.

Paradójicamente, pareciera que lo más fácil será llegar a un acuerdo sobre el déficit fiscal. El FMI ha dado muestras de ser más flexible que el pasado sobre este tema, y la necesidad de bajar la pobreza favorece una reducción gradual del déficit.

Por el contrario, lo más difícil parecería ser la política cambiaria, porque el FMI claramente prefiere un tipo de cambio flotante, o al menos un tipo de cambio que ayude a aumentar las reservas para lo cual, entre otras cosas, debe dejar de intervenir en el contado con liqui. Una brecha del 60% es un claro obstáculo para lograrlo y bajarla implica o depreciar el oficial o apreciar el contado con liqui, para lo cual debería subir la tasa de interés. Todas medidas que tienen un costo político.

Las discusiones sobre la política monetaria, sobre las tasas de interés y sobre el enfoque general para reducir la inflación, serán complejas pero manejables. Y por último, también tendrán un cierto grado de complejidad aquellas que busquen aumentar la inversión y el crecimiento, porque implicarán atacar medidas como los controles de precios y el cepo al comercio exterior y a los pagos de dividendos o de deuda que hoy complican las operaciones de las empresas.

En pocas palabras, las negociaciones con el FMI no serán fáciles, pero existen incentivos para que ambas partes lleguen a un acuerdo. Si predomina la racionalidad habrá acuerdo, pero si entran a jugar las pasiones tendremos un final abierto.

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Comentarios

  • EEK

    Eduardo Elías Kleiner

    Hace 4 días

    Legistadores convoquen a ENMENDAR la CONSTITUCIÓN para mudar la Capital Federal al Interior del país y crear la RABA (AMBA con 1 Jefe e intendentes por distrito, CABA incluida) # ¡ANULEN LAS PASO ¡País unido y federal sin grieta origen de odios y atraso.¡Encaucen!
    Papa Francisco ya como lo hiciera Juan Pablo II en 1987, venite a Viedma / Carmen de Patagones para desde allí unir a todos los argentinos,y que la gente más valiosa se vea favorecida para trasladarse desde el SOBREPOBLADO Y EPIDÉMICO AMBA a la IMPOLUTA y PROMISORIA PATAGONIA
    Carísimo Jorge B. observá lo que algunos ?compatriotas? ya están perfilando?: https://www.perfil.com/noticias/politica/alfredo-cornejo-cada-vez-tiene-mas-sentido-la-idea-de-mendoza-y-cordoba-de-separarse-del-pais.phtml (¿Resultaría utópico avizorar que entonces la Patagonia llegara también a querer separarse, acaso adoptando Puerto Stanley como su capital federal??.)
    Ya perdimos en tiempos de [Rivadaviia] > Dorrego vs Lavalle > [Rosas] la Banda Oriental cuando Artigas no consiguió ese traslado a otro lugar de las Provincias Unidas (¿ Paraná, Entre Ríos?); por su fracaso debió exiliarse a Paraguay y sus rivales crearon luego el actual Uruguay

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