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La Argentina, su economía y el coronavirus: segundas partes nunca fueron buenas

El temido arribo de la segunda ola encuentra al país en una situación de mayor fragilidad, luego de atravesar uno de los peores años que registra su historia económica y encontrar a una sociedad agotada que, en gran parte, optó por relajar los cuidados necesarios para reducir los contagios.

El temido arribo de la segunda ola de coronavirus encuentra a la Argentina en una situación de mayor fragilidad, luego de atravesar uno de los peores años que registra su historia económica y encontrar a una sociedad agotada que, en gran parte, optó por relajar los cuidados necesarios para reducir los contagios.

Pero la nueva multiplicación de casos, el crecimiento de las víctimas fatales ante la circulación de cepas más contagiosas y la aplicación de nuevas restricciones lleva a preguntarse ¿qué cambió en el país este año, qué lecciones se aprendieron del 2020 y cuáles son los problemas sin resolución?

Por empezar, se fortaleció la infraestructura sanitaria, aunque la multiplicación de tareas y la puja salarial activó un conflicto con el personal de la salud.

También se inició un plan de vacunación que avanza lentamente bajo la incertidumbre que representa la provisión de vacunas a nivel global y su efectividad ante la llegada de las cepas más virulentas.

Además, se conocen los protocolos indispensables para reducir los niveles de contagios pero gran parte de la sociedad no los respeta. Se observan aglomeraciones, personas sin barbijo y muchas que los utilizan mal, dejando descubierta la nariz e inclusive la boca en muchos casos.

Y se comprobó las graves consecuencias socioeconómicas del confinamiento prolongado, que el año pasado derrumbó la actividad un 10%, elevó el desempleo al 11% y contribuyó al fuerte aumento de una pobreza que alcanza a 19 millones de argentinos, pese a la catarata de subsidios con los que se intentó paliar la situación.

Hoy la Argentina es más pobre, tiene menos recursos para atacar una segunda ola de la pandemia y más tarde o más temprano le espera por delante un fuerte calendario electoral. 

Por ello se presume que las restricciones serán menos severas, aunque al mirar el espejo de lo ocurrido en varias ciudades de Europa y países vecinos, nadie se anima a proyectar cuál será el límite de las decisiones que se adoptarán, sobre todo teniendo en cuenta que la Nación decidió trasladar gran parte de la responsabilidad a los gobernadores, con las consecuencias a favor y en contra que ello conlleva. De hecho, aún avanza por carriles judiciales la discusión de medidas que pusieron en riesgo libertades individuales.

Son medidas que, en definitiva, pueden contribuir a complicar un panorama que se esperaba más calmado para esta altura del año gracias al rebote de la actividad (aún por debajo de niveles prepandémicos) y la próxima inyección de ingresos a la clase media por la devolución de Ganancias, pero que arrastra consigo una inflación acumulada de 12% en el primer trimestre, la carga de la deuda irresuelta con el FMI, un riesgo país que supera los 1600 puntos y una incertidumbre creciente en materia sanitaria.

Demasiados frentes abiertos para recibir un nuevo impacto del coronavirus.

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