La Argentina insalubre, capítulo uno de una historia presidencial agitada

El presidente Alberto Fernández inicia hoy el segundo año de su mandato con la certeza de haber atravesado una de las peores etapas de la historia argentina. Los últimos nueve meses, en definitiva, estuvieron marcados por la profunda huella que dejó en la sociedad la pandemia global de coronavirus y la parálisis aplicada a una economía que ya, de por sí, arrastraba el fuerte deterioro con que había cerrado el ciclo presidencial de Mauricio Macri.

Fue un combo letal para la salud física y económica de los argentinos, que dejó casi 1,5 millones de contagios y 40.000 víctimas fatales a la fecha, provocó el cierre de cientos de empresas, en particular las pymes, la pérdida de 266.000 empleos registrados, el cese de ingresos para la gran masa social que subsiste en la informalidad y el incremento de la pobreza, hasta alcanzar al 44,2% de la población y a seis de cada diez chicos.

La recesión se agudizó hasta derribar 11% el Producto Interno Bruto y el dólar minorista se disparó a $ 87, pese a que se reforzó el cepo cambiario con impuestos que impulsaron cotizaciones paralelas hasta duplicar su valor. Esto, junto a la fuerte emisión monetaria para sostener los subsidios con los que procuró amortiguarse el impacto del parate, elevó los precios de la economía pese al congelamiento de tarifas y combustible, por lo que la inflación retomó su impulso en los últimos meses para proyectar un cierre de año cercano a 37% y una previsión de 50% para el próximo.

En ese contexto, la crisis sanitaria y económica se devoró el efecto positivo de un acuerdo con los acreedores externos y la asistencia del Estado para sostener a trabajadores y desocupados. Hoy, con el consumo deprimido, la Cámara Argentina de Comercio y Servicios pide que se mantenga el aporte estatal para los salarios de aquellos sectores que están lejos de recuperar sus ingresos. Y organizaciones sociales cercanas al Gobierno presionan para incrementar el monto de los planes. Por delante, además, asoman las fiestas de fin de año y el calendario electoral de 2021, dos momentos críticos para las arcas estatales, en el que las urgencias económicas chocan con las necesidades políticas. Pero con los ingresos planchados, pese a la suma de nuevos tributos, sostener el gasto incrementará el déficit fiscal, lo que a su vez complicará la negociación que el equipo económico mantiene con el Fondo Monetario Internacional para postergar los pagos de deuda y despejar el horizonte financiero.

La incertidumbre reina, sobre todo si se tiene en cuenta que en la medida en que la curva de contagios de coronavirus desciende y se espera por la llegada de las vacunas, la sociedad se distiende y el cumplimiento de protocolos se hace más laxo, por lo que las autoridades sanitarias ya proyectan la llegada de una segunda ola de Covid-19 en abril próximo que pondría un signo de interrogación sobre la recuperación de 2021. Revisar resultados y evitar los errores del pasado debería ser la premisa para que el segundo capítulo de esta historia presidencial aleje al país de la zona de peligro.

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