Industrializar para superar la tormenta

En la situación económica y social tan compleja que afrontamos, en la que prácticamente solamente se tratan algunas de sus consecuencias como son el tipo de cambio y como contrapartida las tasas de interés, si bien son diversas las causas que provocan esta profunda crisis, es posible superarla en un plazo razonable a través de industrializar las materias primas que producimos, aunque está claro que con tanto deterioro, nada es fácil.

Es sabido que al producir mayor cantidad de bienes, bajan sus costos, y como consecuencia directa aumentan los puestos de trabajo, se fortalece el poder adquisitivo de la población, aumenta la demanda, y es posible aumentar las exportaciones para obtener divisas genuinas y frenar el aumento del endeudamiento externo.

Un emprendimiento industrial es conveniente realizarlo en las zonas de producción de las materias primas, para elaborar productos terminados para la alimentación humana y animal, y también textiles, calzados, etc. Además, debiéramos intensificar la explotación y manufacturación de nuestra riqueza ictícola.

Para ello, es necesario implementar políticas que incentiven la creación de nuevos emprendimientos que agreguen valor a los granos, lanas, cueros y pesca, para reemplazar o complementar las exportaciones de materias primas con productos terminados.

También se reducirá el costo del transporte, ya que se trasladarán menores volúmenes de mayor valor. El mundo necesita alimentos, por lo que debemos aprovechar esta oportunidad.

Es necesario aplicar una política de incentivos que permita destinar un porcentaje del Impuesto a las Ganancias, y/o de otros impuestos, para nuevas inversiones industriales. Y si los contribuyentes no realizan las inversiones con ese destino, deberán pagarlo como impuesto al fisco. Por supuesto que esto requiere la modificación de leyes que lo permitan.

En el corto plazo, el Estado dejaría de percibir un porcentaje de impuestos, pero en el mediano plazo aumentará la recaudación por lo que tributarán los nuevos emprendimientos. También se podrían instrumentar otras medidas de incentivos.

En el aspecto social, se evitaría la fragmentación de las familias, cuyos miembros más jóvenes emigran a las grandes ciudades por falta de trabajo en sus lugares de origen. En cuanto al diseño de los nuevos proyectos, pueden realizarlo especialistas privados o tal vez el INTA, el INTI, el Conicet u otros organismos del Estado afines.

Cuando en nuestro país se impulsó el desarrollo de la industria liviana, simultáneamente se capacitó a personas en escuelas técnicas para formar mano de obra especializada, lo que puede repetirse. Nuestra generación traslada a nuestros descendientes la cancelación de las deudas que estamos contrayendo, en lugar de hacernos cargo y solucionar nosotros los problemas.

¡Qué pena que siga teniendo vigencia la expresión de Ortega y Gasset, que hace 80 años nos dijo: "¡Argentinos, a las cosas!".

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