Iguacel por Aranguren, lo mismo pero al ritmo del hit de Luis Fonsi: despacito

Tras la devaluación puede sostenerse el sendero de precios ascendentes para el gas boca de pozo?". La pregunta anónima que llegó desde el público al panel que discutía la semana pasada sobre el futuro del gas natural en el Foro Latinoamericano de Energía de Bariloche incomodó a los expositores. Luego de un intercambio de miradas y risitas nerviosas, tomó la posta el titular del Ente Nacional Regulador del Gas, quien respondió con un ni. Los empresarios del auditorio bien sabían que la respuesta estaba cerca del no, ignorando el inminente recambio ministerial.

 

Fue uno de los varios eventos patagónicos anexos a la cumbre de ministros de Energía del G20, en la que Juan José Aranguren clausuró su gestión, tal vez sin saberlo.

Con buen tino en aquella circunstancia, el líder de Enargas habló como un regulador imparcial al decir que "el sendero de precios (ascendente y en dólares) ya está reflejado en los contratos entre privados y éstos deben resolver qué hacer".

Pero los productores ya habían interpretado el mensaje del otrora ministro de Energía: el escenario no permitía aplicar un esquema de dolarización y libremercado, tuneado con acuerdos recientes que la devaluación hizo estallar por los aires. Los consumidores están alerta por los precios en alza de luz y de gas. Y a pesar del prejuicio de que Aranguren era uno de ellos, los productores no estaban de mejor ánimo, porque saben que el Gobierno tal vez no pueda honrar sus promesas debido a la angustiante situación fiscal y al desborde inflacionario que fogonea la escalada del dólar.

Uno de los grandes desafíos del entusiasta y flamante ministro de Energía, Javier Iguacel, será recomponer pactos de caballeros con petroleros para frenar el precio del gas y del crudo en moneda dura. Esto implica laudar entre productores, distribuidoras y las refinadoras, desesperadas por trasladar a las facturas y surtidores los mayores costos de sus insumos.

Horas antes de la partida de Aranguren del gabinete, el CEO de una importante refinadora lamentaba que, a horas de firmado el último acuerdo para controlar el aumento de naftas por dos meses, la devaluación licuó el ajuste y su preocupación apuntaba a cómo recuperar el 30% de atraso que registrarían los combustibles, en base a las reglas que el Gobierno eligió para que coticen. Sabía que tendría que esperar. Pero su apuesta era que la corrección y acople no demorase más allá de fin de año.

Los productores de crudo, a su vez, toleraron de mala gana la última versión del barril criollo que lo ubica por debajo de lo que cuesta en el mercado internacional al que, hipotéticamente, podrían venderle íntegra su producción (67 y 68 dólares en contra 73 del Brent) y buscan consolidar su renta en dólares.

Son muchas las incógnitas que tendrá que despejar el nuevo ministro en las próximas horas para calmar a sus interlocutores patronales con potente poder de lobby.

¿Podrá garantizar un precio diferencial a los productores de gas de Vaca Muerta?... ¿Estos en un futuro exportarán sus excedentes sin que se les aplique retenciones?... ¿Los inversores de energías renovables zafarán de tributar tasas?... ¿Juzgará a las obras energéticas de la gestión anterior con la misma estricta vara anticorrupción que evaluó a las viales promoviendo una veintena de causas judiciales?...

La honestidad de palabra en política puede ser un crimen a pagar con el cargo. Más allá de sus errores técnicos, Aranguren cometió varios sincericidios, como el de reconocer que preservó parte de su patrimonio en el exterior, algo que hacen e hicieron funcionarios del gobierno actual y pasado. Pero escucharlo cae mal.

El más reciente fue en vísperas del fin de semana cuando reconoció que aún no está tomada la decisión de cómo seguirán los ajustes tarifarios. Honró estrictamente la verdad: seguirán las subas, pero con un cronograma más atenuado.

Para sus amigos, una prueba de su sensibilidad ante el padecer de los consumidores. Para sus detractores, una torpeza que muestra inconsistencia en sus decisiones. ¿Messi erró el penal contra Islandia o el arquero rival lo atajó?...

El primer yerro de gestión del ex ministro fue arrancar con un ajuste dramático de tarifas, que terminó en tribunales y forzó una corrección de las formas aunque no del fondo. Los precios de la energía seguirán aumentando hasta que la demanda pague lo que esos bienes cuestan, según pautas que animen a los inversores a desembolsar dólares. Este axioma difícilmente sea modificado por su sucesor en el cargo.

Iguacel tiene otro perfil, que en la función pública está modelado por su combate contra la prolífica corrupción vial. Es más joven y fresco en sus maneras. Pero igualmente apasionado y con similar pensamiento en sustancia.

Seguramente aprovechará el crédito de una gestión nueva para hacer algo parecido por otro camino. La política requiere gestos y purgas periódicas para simular cambios que mejoren el humor social, aunque no haya viraje esencial. Aranguren no descartaba irse antes del fin del mandato, una vez que pusiera en marcha un nuevo modelo de producción energética en el país. Quizás se retire satisfecho, aunque su salida se vea más como una expulsión que como una partida gloriosa.

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