Hiperinflación de activos financieros y la burbuja del 2020

Estamos frente a un proceso hiperinflacionario global e histórico en activos financieros. La apuesta es que todo esto no explote y probablemente sea el caso en tanto y en cuanto el dólar siga siendo demandado como reserva de valor mundial. Los Bancos Centrales del G10 rompieron al mercado de bonos anulándolo como alternativa de ahorro y por lo tanto uno puede escapar de la devaluación del dólar solamente hacia équities, commodities o cryptos.

De esta forma, se crea un equilibrio de mercado en donde obligan a escapar de licuación del dólar asumiendo volatilidades enormes, el switch de asset class no es neutral al riesgo. Dado que a casi nadie le conviene que el dólar desaparezca como reserva de valor, se generó un equilibrio de Nash “cooperativo en donde todos terminan comprando de todo menos bonos.

Que los bonos largos de casi todos los países relevantes del G10 estén debajo del 2% y que la parte corta de toda curva de tasas del G10 esté al 0% o en niveles negativos, habla de un equilibrio intencionalmente causado por los bancos centrales. Los bonos al rendir tan poco ofrecen dos problemas al ahorrista:

1) la tasa de devengamiento ni siquiera alcanza ya a compensar el costo inflacionario global,

2) ante una suba de tasas internacionales como la que se observa desde inicios del 2021, genera pérdidas de capital. Todo esto fue ocasionado por la mega emisión de dólares generada por la FED que literalmente aniquiló al mercado de bonos. Sin embargo, la licuación del dólar, del yen, del euro y de toda moneda del G10 persiste y por lo tanto, hedgearse contra dicha dinámica obliga a cambiar de asset class y entrar en équity, en commodites o en criptomonedas. Uno de los problemas de esta patología es que cambia radicalmente el perfil de volatilidad de la cartera.

El dilema es que “esta rotación obligada implica la asunción de volatilidades que suelen estar muy por encima de un bono y a mucho inversor en especial, el inversor minorista, lo deja en una situación muy incómoda de posicionamiento de cartera transitando un universo de volatilidad al que no está acostumbrado. Esta es una de las grandes distorsiones que ha causado la respuesta monetaria del Covid-19 iniciada en marzo del 2020.

La emisión de dólares fue tan enorme y rápida que generó una distorsión en la alocación de cartera. Tener bonos del G10 ya no tiene ningún sentido y esa demanda de activos financieros fue a alimentar a otros activos. El problema es que estos nuevos activos suelen ser muchísimo más volátiles.

El dólar norteamericano es una moneda estable según como se lo mire. Obviamente que contra sus dos monedas competidoras por tradición, yen y euro, mas o menos la viene piloteando bien. Sin embargo, si uno analiza la evolución del dólar desde los mínimos de marzo del 2020, el mismo se ha megadevaluado contra otros grupos de activos.

Medido contra acciones, desde marzo del 2020 cuando el mercado hace mínimos el dólar se devaluó de la siguiente forma. Primero, contra Nasdaq (QQQ) 83%. Segundo, contra SPY (S&P) 69%. Tercero, contra Ethereum (crypto) 735%. Cuarto, contra soja 60%. De esta forma el poder adquisitivo del dólar medido en unidades no tradicionales que exceden al espectro monetario se ha derrumbado durante 2020. Lo mismo ocurrió en la crisis anterior. Desde los mínimos de marzo 2009 hasta diciembre 2019 el QQQ por ejemplo generó retornos cercanos a 750% por lo que el dólar se devaluó contra tecnológicas en 750%.

De esta forma el objetivo de la FED es muy claro: generar un megadevaluación del dólar contra acciones y de esta manera ocasionar un “efecto riqueza positivo en el patrimonio promedio del ciudadano norteamericano que catapulte al consumo. Este mecanismo de “inflacionar activos financieros para impactar a la economía real fue explícitamente descripto en uno de los reportes de la FED durante el 2010.

En dicho momento Ben Bernanke explícitamente le dijo al mercado que la FED buscada “engordar activos financieros entre otras cosas, para catapultar al consumo vía un efecto riqueza nominal. Obviamente que la contrapartida de todo esto es la generación de una burbuja global que hoy estamos viendo y no tiene por qué implosionar. El plan será dejar todos esos estímulos en el mercado y que a lo largo de los años el crecimiento global y la inflación los licuen. Bienvenidos a la nueva trampa de liquidez.

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