Cepo al dólar o inseguridad permanente; presión impositiva o trenes en emergencia; rechazo a la tentación reeleccionista o a los discursos por cadena nacional sobre el miedo; ciudadanos de clase media alta y ciudadanos de clase media baja; Belgrano y Villa Urquiza; Mendoza y Rosario, o Córdoba y Salta.
Son rincones de la Argentina donde anoche se escuchó el cacerolazo y quienes participaron tenían sus reclamos y motivaciones. No fue la mayoría del país, eso está claro. Pero fueron miles de personas que expresaron, de modo pacífico, su descontento con algunas políticas del gobierno de Cristina.
No hubo dirigentes políticos opositores liderando la protesta, ni organizaciones partidarias que la hayan convocado. La marcha fue creciendo en las redes sociales y confluyó con mucha fuerza en los principales centros urbanos del país. No me van a poner nerviosa, dijo la Presidenta desde San Juan. Y sería muy adecuado que Cristina no reaccione bajo el mandato de los nervios.
En estos casos, el camino necesario es siempre el de la sensatez. Que la Presidenta y sus colaboradores escuchen; evalúen, reflexionen y corrijan los errores que puedan estar cometiendo. Las elecciones aún están muy lejos y se necesitan reflejos políticos maduros para resolver los problemas verdaderos que afectan al país de las deudas pendientes.