"Guerra a la inflación", plan del Fondo e interna feroz: qué puede salir mal

El Gobierno ya empezó a levantar las anclas clásicas del kirchnerismo. En este esquema, no hay margen en los próximos meses para compensar la caída de los ingresos reales y el descenso del consumo.

"Antes de volver al Fondo, me pego un tiro", sentenció Cristina Kirchner para sellar el asunto. A Sergio Massa, entonces jefe de gabinete, le pareció un exceso el tono melodramático de la Presidenta. Allá por septiembre de 2008, el propio Massa, Sergio Chodos y Sebastián Palla (entonces titular de la Unión de AFJP) intentaban convencer al matrimonio Kirchner de un "giro ortodoxo" que frenara la fuga de capitales tras la crisis del campo.

Massa solo pretendía que la Argentina volviera a aceptar la revisión del llamado Artículo IV, el informe anual que los burócratas de Washington realizan sobre las economías de los 184 países miembro. Desde el pago al FMI en 2006, los Kirchner sobreactuaron la ruptura con el Fondo y no aceptaron nunca ni siquiera el Artículo IV, que no implica ninguna condicionalidad: Lula, en Brasil, luego de pagarle al FMI, siguió bajo esa revisión, al igual que Evo Morales en Bolivia o el gobierno comunista de China. El lector mas perspicaz dirá que antes que la ideología, lo que guiaba a los Kirchner era el pragmatismo: un informe del Artículo IV hubiera chocado con la falsificación de datos del Indec que se inició en 2007.

Melodrama aparte, es imposible imaginar lo que pasa hoy por la cabeza de Cristina frente a este regreso del FMI, que guiará la política económica de Alberto Fernández hasta el final de su mandato. Sí quedan expuestas, como nunca antes, las diferencias profundas sobre el rumbo que enfrentan al plan económico de Alberto Fernández, Martín Guzmán y el FMI con el manual de la expresidenta en esta coyuntura. En especial, después de los impactantes datos de inflación que difundió esta semana el Indec y la disparada de precios de los últimos dos meses. Veamos:

  • Con el 4,7% de febrero (en enero, 3,9%) y suponiendo un optimista e improbable 5% en marzo (cuando pegó de lleno el shock de Ucrania en alimentos, el mayor ajuste en combustibles en los últimos dos años, la suba de 20% en luz y gas, etc.), la inflación acumulada en el primer trimestre sería de 14,2% (15,3% si marzo llegara a 6%). Así, jubilados y beneficiarios de la AUH, que percibieron en marzo un aumento de 12,28%, arrancarán el año con una caída de sus ingresos reales que se acentuará en los próximos meses.

La inflación de febrero se disparó al 4,7%, el nivel más elevado en 11 meses

  • Pero el dato principal es la inflación de alimentos en el Gran Buenos Aires: 8,6% en febrero (en enero, 5,2%). Así, si en marzo se desacelerara a 7% (aún más improbable), la inflación de alimentos en el GBA, el corazón de la base electoral del oficialismo, acumularía 22,2% en el primer trimestre, diez puntos arriba de la suba de jubilaciones y AUH, que seguirán perdiendo poder adquisitivo hasta junio.

  • Con un dólar oficial planchado, como "ancla de precios" desde abril del año pasado (a febrero aumentó sólo 20% anual), el IPC acumuló 52,3% en los últimos 12 meses, la inflación de alimentos total país, 55,8%; la inflación de alimentos en el GBA, 60,3% (donde se suponía que Roberto Feletti aplicaba controles de precios); los precios de indumentaria y calzado escalaron 67%, los lácteos, 69%, y las verduras 96%.

Ante semejante descalabro, los anuncios que hará el presidente Alberto Fernández para librar, 28 meses después de iniciada su gestión, "la guerra contra la inflación" lucen a cotillón. Medidas de escaso calibre para acotar el shock externo de precios provocado por la guerra en Ucrania: suba de dos puntos de la retenciones a la exportacion de aceites y harina de soja, fideicomiso con esos recursos para subsidiar el precio de la harina local, canasta de "precios cuidados", acuerdo con frigoríficos exportadores por cortes en el mercado interno, etcétera, etcétera.

Esas medidas, autorizadas por el FMI (como dice el memorándum de entendimiento, no hay decisión que se tome sin consultar a Washington), servirán para "adornar", ante la interna oficial, la aplicación del programa económico acordado con el organismo acreedor para tratar de encarrilar la macro en el mediano plazo. O, al menos, evitar una crisis mayor.

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Esquivar el default con el FMI es condición necesaria para que la crisis no se espiralice: default, disparada de la brecha cambiaria y salto devaluatorio del tipo de cambio oficial, serían un camino de ida. Pero no es condición suficiente.

Con estos niveles inflacionarios, el acuerdo con el FMI será más díficil de transitar en los próximos meses: suba de la tasa de interés, no atrasar más el dólar oficial, ni otros precios clave (combustibles y tarifas públicas), ajuste monetario y fiscal como única ancla. Recorte de subsidios menos de lo previsto por el impacto de los precios de la energía, compensado por la poda de transferencias a provincias y licuación del gasto previsional/social/salarial para cumplir la meta fiscal.

El Gobierno ya empezó a levantar las anclas clásicas del kirchnerismo, con la suba de tasas interés, aceleración del crawling peg (en marzo corre al 3% mensual cuando hasta noviembre lo hacía al 1%) y descongelamiento de precios regulados.

En este esquema, no hay margen en los próximos meses para compensar la caída de los ingresos reales y el descenso del consumo. La apuesta es esperar una moderación de la inflación en el segundo semestre, tras el reacomodamiento de precios relativos (en junio habría nuevo aumento de tarifas) y la desaceleración de la actividad. Si se logra atravesar el desierto con "éxito", podría aspirarse a que la inflación en el año se ubique abajo del 60%.

La receta del kirchnerismo choca de frente con este "plan": quiere una suba generalizada de retenciones a las exportaciones, trigo, maíz, leche, carne, (instrumento que hoy no estaría disponible no por oposición del FMI sino por debilidad política), seguir anclando el dólar oficial, otorgar bonos de compensación a jubilados y AUH, dar un ayudín al consumo vía crédito barato, y relajar el estricto tope de emisión fijado por el FMI (1% del PBI frente a 3,7% el año pasado) para financiar desvíos fiscales. Un esquema inadmisible para el Fondo. Un camino de cornisa de máximo riesgo sin reservas en el Banco Central y estos pisos inflacionarios.

Lo más probable es que Alberto Fernández adopte, como es su costumbre, el plan VV (Vamos Viendo): aplicar la receta del Fondo en silencio, disfrazado con folklore kirchnerista para aplacar la interna y convocatoria al diálogo a empresarios y sindicatos para reavivar el amuleto del acuerdo social, en medio del ajuste inflacionario.

La pax cambiaria del próximo trimestre (de nuevo, con oferta récord de dólares por los súper precios de la soja) puede darle un respiro. La contracara será la tensión social en las calles y la interna potenciada del oficialismo.

Con esta inercia inflacionaria, mecanismos de especulación e indexación aceitados, despejar incertidumbres sobre el rumbo, explicar a la sociedad la hoja de ruta (escrita con el Fondo) debiera ser el punto de partida. De lo contrario, sin ancla de expectativas, el riesgo es que el ajuste inflacionario sea todavía mayor y que en el tercer trimestre, cuando quede atrás la temporada alta de oferta de dólares, se vuelva al escenario de tensión cambiaria y revisiones a último minuto con Washington. El fantasma de la crisis permanente.

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