Enfoque

Ganará quien mejor logre acomodar su jarrón chino

Felipe González suele decir que los ex presidentes son como un jarrón chino en un apartamento pequeño: es un objeto de valor, que nadie sabe dónde ponerlo, nadie se atreve a tirarlo, y que estorba en todas partes, al punto que muchos esperan que algún chico le pegue un codazo y lo rompa para resolver el asunto. Aquella metáfora se vuelve relevante por estos lares, porque en algún punto la dinámica política argentina de los últimos años está atravesada por el interrogante de dónde ubicar a Cristina Fernández de Kirchner y a Mauricio Macri, nuestros dos últimos jarrones chinos. Un dilema que se vuelve clave para ganar la estratégica elección de medio término en la provincia de Buenos Aires.

Es cierto, no se trata de dos jarrones con las mismas características, pero sí tienen algo en común: ambos contribuyen a limitar, más que a facilitar, la posibilidad de que sus espacios políticos expandan su base de apoyos (sumen votos). Y en una dinámica de competencia más bimodal, como la que tenemos en la Argentina, esas limitaciones (ambos con imágenes negativas superiores al 50%), se vuelven decisivas para ganar o perder una elección.

Para entender la complejidad del acertijo electoral siempre conviene comprender que, en esta Argentina agrietada, entre los que creen de un lado de la grieta que el país se divide entre buenos y malos, y los que creen lo mismo pero del lado opuesto, hay otro tanto que cree que la cosa en realidad es que hay buenos y malos de un lado, y buenos y malos del otro. Estos últimos, menos ideologizados y más pragmáticos, son los que conforman los bordes blandos de apoyo que permiten construir las mayorías electorales ganadoras.

Para poner esto en números, en nuestro último estudio de indagación electoral en la provincia de Buenos Aires, le preguntamos a los votantes qué creen que sería lo mejor para el país: que se jubile CFK, que se jubile Macri, que se jubilen ambos o que no se jubile ninguno. Un 25,1% nos respondió que se jubile Cristina, otro 25,6% que se jubile Macri y una mayoría de 39% nos respondió que se jubilen ambos. Ello nos demuestra que, para construir una mayoría ganadora, no queda otra que seducir a gente que quiere mandar los dos jarrones al baúl de los recuerdos.

El caso de Cristina es especial. Es un jarrón de mucho valor para una gran minoría, pero con eso no alcanza para juntar los votos necesarios. Sin ir más lejos, hubo que disimular la presencia del jarrón en 2019, para que el departamento se viera lo suficientemente atractivo y renovado para acoger al 48,2% de sus huéspedes. El problema es que, como hemos visto en este año y medio de gobierno del Frente de Todos, es un jarrón que no está dispuesto a relegar su protagonismo en el ambiente principal, sobre todo si se trata del departamento de la provincia de Buenos Aires. Una aspiración que pareciera no recordar que en 2009, 2013 y 2017, siendo ese jarrón la estrella de la decoración de la oferta electoral, no logró juntar más del 37% de los huéspedes en ese distrito.

¿Quedará Cristina relegada de la campaña para disimular la presencia del jarrón? Las señales de esta última semana parecieran no ir en esa dirección, y pudieran tener que ver con un dato que preocupa en el oficialismo: hoy Alberto Fernández tiene una imagen positiva más baja que la de Cristina Kirchner en el Gran Buenos Aires. Ese dato no resuelve el problema, sino que lo agrava, porque si Cristina piensa ponerse al hombro la campaña para evitar que se la ponga al hombro un Presidente desgastado, será más difícil volver a entusiasmar a los votantes oficialistas desencantados. Según nuestro último estudio nacional de junio, más del 90% de estos votantes oficialistas (los que dicen que votarían a otra fuerza política), tienen una imagen negativa de la Vicepresidenta. Señal elocuente del motivo de desencanto.

Pero los problemas de cómo acomodar el jarrón chino del oficialismo no resuelven los problemas de cómo acomodar el propio jarrón chino de la principal fuerza opositora: el ex presidente Mauricio Macri. Un jarrón que pareciera no estar tampoco muy dispuesto que lo guarden en la baulera del departamento, sino no le hubiera puesto "Primer Tiempo" a su libro autobiográfico. Esa aspiración transforma a este en un jarrón que no deja modernizar (renovar) la ambientación del departamento opositor. Cualquiera que entre a un departamento, y vea ese jarrón luciéndose en el ambiente principal del lugar, tendrá reminiscencias de un pasado (2015-2019) que no trae buenos recuerdos.

En ese sentido, Juntos por el Cambio enfrenta un dilema parecido al que enfrenta el oficialismo con su propio jarrón, pero también parecido al dilema que enfrentó el peronismo en 2017 frente al comienzo frustrante de la gestión Cambiemos de 2016, con la inflación y los aumentos de tarifas malhumorando a la gente. En aquél entonces, ni Cristina se quiso correr, ni el peronismo le encontró la vuelta para reemplazarla y ambos, divididos, perdieron la elección. Juntos por el Cambio bien podría ver en espejo aquella experiencia y entender que, si no le encuentra un lugar apropiado a su propio jarrón, podría estar entorpeciendo la eventual llegada a su departamento, de huéspedes defraudados con el Gobierno pero que lejos estarían de volver a convivir con ese antiguo jarrón que tantas angustias produjo. De hecho, casi el 50% (48,9%) de votantes opositores o indecisos en la provincia de Buenos Aires, consideró que lo mejor que le pudiera pasar al país es que se jubilen tanto Cristina como Macri.

En definitiva, la realidad muestra síntomas claros que frente a una sociedad mayoritariamente frustrada y pesimista, se vuelve cada vez más necesario ofrecer la calidez de un ambiente renovado y moderno que genere expectativas de un futuro mejor. O lo que es lo mismo, se hace cada vez más evidente que en esta elección, va a ganar el que logre acomodar mejor los jarrones chinos desprestigiados del pasado.

Tags relacionados

Compartí tus comentarios