Zoom Editorial

Fue bueno mientras duró: se acabó la felicidad fiscal y cambiaria de la soja

Pocas veces en la vida una racha se transforma en una tendencia definitiva. Hay que entenderla como lo que es: el resultado de una circunstancia que a veces crea situaciones que ayudan mucho y otras veces complican mucho. Lo que pasó con la soja fue eso: hubo una demanda adicional que se combinó con menores niveles de stock en dos de los principales países productores, por efecto del clima. 

Su precio, que llegó a superar los u$s 600, fue un regalo para la Argentina en un momento difícil, ya que aceleró las ventas del agro y aportó dólares a las reservas que nadie tenía en cuenta. Pero era una racha. La burbuja se desinfló lentamente, hasta que un día los mercados sintieron que no daba para más y la hicieron reventar. Esa es la foto que se vio ayer en Chicago y que preocupó a todos en Buenos Aires.

A decir verdad, tanto los inversores como los propios funcionarios del equipo económico tenían en claro que los dólares de la soja en algún momento se iban a terminar. Ese dato estaba contemplado, pero para el mes de julio. Era una combinación del fin de las ventas de la cosecha gruesa, y la cercanía del calendario electoral, que desde hace años empuja a buena parte de los argentinos a dolarizarse (con las restricciones que impone el cepo y la caída de la economía) antes de concurrir a las urnas.

¿Puede rebotar la soja? Los analistas responden que no. Porque el factor que más empujó su precio, la demanda proveniente de China, llegó a su límite. Hoy el gigante asiático no solo está excedido en su stock, sino que no tiene capacidad de molienda para transformarlo en harina. Con lo cual hay que esperar menos compras y por ende menor precio.

Con este dato sobrevolando al mercado de Chicago desde hace 45 días, el anuncio de la Reserva Federal sobre su política de tasas terminó de convulsionar a los inversores internacionales, con un agregado preocupante: la reacción generalizada fue negativa, lo que en los hechos implica que no le creen a la Fed.

El órgano monetario anunció que la tasa iba a quedar sin cambios hasta 2023 y que iba a mantener su programa de recompra de bonos del Tesoro de EE.UU. En teoría, una buena noticia para la Argentina. Pero pocos creen que eso vaya a suceder, ya que temen que el ritmo actual de la inflación siga en ascenso y eso obligue a endurecer la tasa mucho antes de lo que piensan los reguladores.

La Argentina tendrá que aceptar, antes de lo esperado, que ya no tendrá bonus fiscal ni cambiario por la soja. A nivel local, los economistas advierten que habrá que mirar más lo que sucede con el gasto y con el financiamiento. Estirar más de la cuenta un acuerdo con el Club de París y el FMI hoy tiene un riesgo más alto que el computado en los planes electorales del oficialismo.

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