Frente a la crisis, artillería y unidad europea en su máxima expresión

Desde el inicio de la formación de la Unión Europea  han sido numerosos los escollos que el “club ha ido sorteando; entre otros: oposición de muchos de sus miembros a ceder  soberanía política y económica, salida del Reino Unido (“Brexit ), interminables discusiones presupuestarias  y proliferación de partidos euroescépticos de extrema derecha. Sin embargo, no se ha avanzado nada en la necesaria política fiscal común que contemple homogeneidad y solidaridad entre sus miembros, de manera de mitigar las recurrentes presiones de desunión comunitaria.

Todo este complicado escenario de peligrosa inestabilidad se ha visto conmocionado por la reciente pandemia del coronavirus, la cual -como es sabido- ha impactado muy negativamente en términos económicos y sociales. Tal es así que, en su último informe, el Banco Central Europeo (BCE) ha pronosticado para el corriente año una caída récord del PBI comunitario del orden del 8,5% y un desempleo creciente. Esta situación puso a la Comunidad Europea frente a un serio dilema: la crisis profundizaría los problemas de estabilidad o, por el contrario, se produciría una reacción comunitaria que fortaleciera la tan necesaria unidad.

Afortunadamente, claro que sin sobresaltos, finalmente se ha impuesto la posición de aquellos países que -liderados por Francia y Alemania – se inclinan fuertemente por afianzar la fortaleza de la Unión versus los “Halcones (especialmente Holanda, Austria, Suecia, Dinamarca y Finlandia) que dan prioridad a sus intereses nacionales. Fueron tales las diferencias que, tanto Ángela Merkel como Emmanuel Macron,  llegaron a afirmar que la crisis estaba poniendo en juego “la existencia misma de la Comunidad de los 27 países.

La defensa de la posición “unionista comenzó con una decidida acción del BCE dirigido por Christine Lagarde; fiel seguidora del criterio europeísta de su antecesor, el italiano Mario Draghi. En efecto, a pesar de la reticencia de los “Halcones , en marzo pasado la entidad anunció un plan de estímulo monetario que contemplaba la inyección de 750 mil millones de euros mediante la compra de títulos soberanos de los países miembros, amén de mantener su tasa de referencia en el 0%. No todo terminó allí; en efecto: ante el recrudecimiento de los impactos negativos de la pandemia, recientemente el BCE aumentó la apuesta agregando la friolera de 600 mil millones de euros al programa en cuestión; de esta manera, no sólo se protegía a los miembros más vulnerables de eventuales ataques contra su deuda soberana sino que, además, les permitiría acceder a financiamiento a tasas más que razonables.

El otro flanco de ataque de los defensores de la solidaridad para enfrentar la crisis y afianzar la Unión fue el denominado “Plan de Recuperación , presentado por el eje franco/alemán que contemplaba un programa de 750 mil millones de euros de ayuda, principalmente a los países vulnerables que más habían sufrido los impactos de la crisis (España e Italia, entre otros). Más aún, hubo dos sorpresas: del total del programa, 500 mil millones se aplicarían vía subsidios y el resto a través de préstamos a tasa preferencial y a largo plazo; a su vez, por primera vez en la historia de la Comunidad, se proponía que el financiamiento del programa se realizara a través de deuda emitida mancomunadamente por todos los miembros; por fin se había llegado a la “mutualización .

Tal como se esperaba, poniendo trabas de todo tipo,  la oposición de los “Halcones  fue inmediata. Finalmente, para destrabar el tema, el viernes pasado Bruselas convocó a una reunión de los líderes de loa totalidad  de los países miembros; los cuales, luego de largas discusiones de más de cuatro días, llegaron a un acuerdo: se mantendrían los 750 mil millones originales, reduciéndose  los subsidios a 390  mil millones,  pero manteniendo la financiación mutualizada; hecho este último realmente histórico.

En síntesis, ante la crisis la Comunidad Europea –liderada por Alemania y Francia- respondió frente a la crisis con artillería pesada: 1350 mil millones de estímulo monetario, tasa de referencia cero y Plan de Recuperación por 750 mil millones; todo ello sumado a un histórico financiamiento mutualizado. De esta manera, no sólo se protegía a todos los países miembros sino que también –y fundamentalmente-  so lograba afianzar la unidad y  solidaridad del grupo. ¡Había ganado Europa!

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