Foco en el largo plazo, para la pospandemia

Luego de superar la pandemia la Argentina se encontrará con menos empresas, menos empleo, problemas fiscales y una moneda muy debilitada. Lo que sobreviva, tampoco estará en buenas condiciones. La mayor parte de las empresas tendrán que ser restructuradas y los salarios habrán quedado por debajo de lo que solían estar. Para revertir estas condiciones será imprescindible atraer inversiones y enfocarse en dar un salto de productividad.

Lo cierto es que la economía Argentina venía con problemas mucho antes de la aparición del Covid-19. La economía viene mostrando una caída del PIB per cápita ya desde el 2012, y lo mismo ocurre con el salario real. En estos años el empleo formal también dejó de crecer y, como consecuencia de ello, la situación social se ha deteriorado enormemente.

El estancamiento que se observó en la década previa a la pandemia indica que Argentina tiene problemas estructurales para crecer. Sin crecimiento económico no es posible generar empleo ni reducir la pobreza o mejor para mejorar los salarios. Pero para que haya crecimiento económico se necesita que existan inversiones por sobre todas las cosas, en especial, cuando el estancamiento es de carácter estructural.

En efecto, un estancamiento tan largo como el que lleva Argentina implica que su capacidad productiva está limitada, que la tecnología es vieja y que la infraestructura no es suficiente para crecer. Todo eso implica que para retomar la senda de crecimiento económico se requiere renovar la infraestructura, esto es construir rutas, gasoductos, sistemas eléctricos, puentes puertos, asfaltar calles, comprar tecnología, instalar nuevos negocios, desarrollar aplicaciones de internet, desarrollar nuevos procesos logísticos, armar nuevos canales comerciales locales e internacionales para poder exportar, sumarse a líneas de producción internacional, etc.

Pero para que todo esto sea posible es necesario que sea negocio invertir en Argentina. Y sería negocio invertir en Argentina siempre y cuando los impuestos sean razonables, la resolución de conflictos sea apropiada en tiempo y forma, y que las reglas de juego no sean abusivas o cambien de forma continua.

Hoy la economía Argentina carece de muchas de estas cosas. la inflación por sí sola modifica continuamente las reglas de juego y los precios relativos, y dificulta mucho el cálculo económico. A su vez la presión tributaria sobre las empresas de acuerdo a la estimación realizada por PWC (Paying taxes) ubica la Argentina entre los países con mayor carga impositiva para las empresas.

La carga regulatoria tampoco es menor. Según el reporte 'Doing business' qué realiza periódicamente el Banco Mundial la Argentina está en el puesto 126 de 200 en el ranking de facilidad para hacer negocios. Lo cual implica qué hay 126 países donde es más fácil hacer negocios que en nuestro país y eso no resulta atractivo para las empresas. Muestra de todo esto es la salida de empresas y empresarios que experimenta la Argentina y el hecho de que hace ya varios años la inversión no alcanza para cubrir las amortizaciones o ha sido inadecuada.

Esto debe ser revertido.

Para volver a crecer se necesita invertir y para ello se necesitará un ambiente de negocios mejor que el que tenemos ahora, que estimule la competencia, la apertura económica, las exportaciones, la contratación de personal y resulte atractivo para las empresas y los inversores individuales.

Claramente el camino de establecer precios máximos, restricciones a los despidos de personal, impedir el giro de utilidades, restringir al acceso del mercado de cambios, frenar las exportaciones y las importaciones, atentan contra todo lo que necesita la economía argentina para volver a crecer. Utilizar la excusa de la pandemia para establecer estas medidas no ayuda en lo absoluto.

De hecho el Gobierno no da ninguna señal de que estos instrumentos puedan ser temporales, porque no ha presentado a ningún proyecto a largo plazo que vaya en el sentido correcto como reformas desregulatorias, reformulaciones tributarias en coordinación con los gobiernos locales o reformas del mercado laboral.

Cuando se habla de inversiones y de mejoras tecnológicas y una ampliación de la infraestructura se está hablando del largo plazo. El Gobierno no tiene la capacidad económica de hacer esto por su cuenta y carece de las condiciones intrínseca para buscar la eficiencia en la asignación de estos recursos, por ello debe hacerlo el sector privado. Pero como se trata del largo plazo el inversor o la empresa que invierta necesita tener señal es a largo plazo o estructurales para decidirse a hundir el dinero.

Por eso más allá de la pandemia, es imprescindible realizar reformas pro mercado en la economía argentina que garanticen a largo plazo el libre juego del mercado para que se desarrollen la competencia, los negocios, el empleo y los salarios.

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