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En economía los números no mienten, pero siempre hay más de una versión

Las decisiones económicas casi nunca son neutrales. Lo difícil es conseguir que sean equitativas, que es la principal responsabilidad que asumen quienes las ejecutan. Por eso un dato puede aparecer como positivo, aunque lo más probable es que tenga un contrapeso atrás que nivele su trascendencia. En una economía dinámica como la de la Argentina, pocas cosas son lo que parecen ser.

Estas divergencias suelen aparecer en debates como el que generó la inauguración del gasoducto Néstor Kirchner, aunque en este caso la discusión vino teñida por la campaña electoral. La obra se planificó en 2019, en medio de la incertidumbre financiera que generó el cambio de gobierno. La gestión de Alberto Fernández la frenó, en desacuerdo con las reglas que había fijado Macri, y no se retomó hasta que Sergio Massa tuvo a su cargo el control de la Secretaría de Energía y garantizó su ejecución.

Que fue hecha en tiempo récord y aportará un ahorro significativo de divisas, no está en duda. Pero su principal aporte es que le dará escala a las inversiones en Vaca Muerta, algo que no estaba a la vista antes de 2018. Por eso no fue impulsado por Cristina Kirchner, y recién cobró significación en 2019, pese a que el precio de la energía no era el que lo hizo imprescindible, al desatarse la invasión rusa a Ucrania.

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Cuando se analiza la evolución del empleo, en términos generales suele verse una variación positiva. Pero en la discriminación, lo que crece es el empleo público en las provincias, y sobre todo, el de las categorías menos protegidas, los autónomos y monotributistas sociales. Hace años que la creación de empleo formal está estancada. Y esa realidad es el reflejo de una inversión privada insuficiente.

La Cepal aportó ayer otro dato cruzado por este tipo de contraluz. Sus estadísticas recogen un crecimiento de la inversión extranjera directa en la Argentina de 123%. Es un numero notable, aunque sea comparando con el año más duro de la pandemia. Pero su composición revela que ese dato es hijo del cepo. Las empresas reinvirtieron sus utilidades porque no pudieron girarlas a las casas matrices. Y si bien hay un registro positivo en este número, no deja de ser una realidad forzada. El 57% de esos fondos, según la Cepal, son préstamos que reciben las empresas radicadas en la Argentina, la financiación que han tenido que pactar muchas filiales por no poder acceder al mercado de cambios para pagar sus importaciones.

Los números no mienten, siempre y cuando estén todos sobre la mesa.

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