El voto trae un nuevo orden, pero también otro equilibrio de poder

La Argentina tiene por delante un enorme desafío. Pero también una oportunidad. El sólido triunfo que consiguió Alberto Fernández, consiguiendo ser electo presidente en primera vuelta, pone fin a la principal incertidumbre que tenía por delante la sociedad, y crea la chance de que se abra una etapa de más consensos y menos grietas, tanto en la política como en la economía.

El voto crea un nuevo orden. Pero eso no alcanza para resolver los problemas. También crea responsabilidades, que en este caso serán compartidas, porque al igual que lo que le sucedió al gobierno actual, la futura administración tampoco tendrá el control absoluto del Poder Legislativo. Deberá sumar a otras expresiones del peronismo para lograr quórum, y enfrente Juntos por el Cambio tendrá bloques de peso considerable. Por eso la principal señal que esperan ver hoy los agentes económicos, es que haya una transición ordenada, en donde el diálogo sea algo más que un gesto, y donde la convivencia que requiere este tiempo sea una aspiración real.

Mauricio Macri felicitó a Fernández y lo invitó a desayunar a la Casa Rosada. El presidente electo recibirá un compromiso de colaboración de parte del oficialismo, que recaerá en dos ministros clave: Hernán Lacunza y Rogelio Frigerio. El ganador de la elección tendrá que blanquear a buena parte del equipo que lo acompañará en la gestión, por lo menos en áreas claves para la transición.

Alberto reconoció que lo que viene será difícil. En un discurso menos amigable de lo que deseaban los inversores, anticipó que la situación será abordada con el esfuerzo de todos, pero sin dar pistas sobre el tipo de esfuerzo. Cristina Kirchner, que tras el triunfo habló más que el presidente electo, solo tuvo una expresión tajante: le pidió a Macri que haga lo necesario para cuidar las finanzas del Estado y los argentinos.

Sin la instancia de la segunda vuelta en la Ciudad (donde Horacio Rodríguez Larreta quedó ratificado con 55% de los votos), el Gobierno ya no tendrá que cuidarse de tomar decisiones duras. Por eso el BCRA comunicó al filo de la medianoche, un inédito endurecimiento del cepo, permitiendo a los ahorristas comprar un máximo de 200 dólares por mes. Es un límite muy parecido al que regía durante el mandato de Cristina (donde además había que pagar 35% de Ganancias sobre los consumos en el exterior, que en este caso quedan sin cambios), que traduce que los dólares que tiene pendiente girar el FMI eventualmente serán para después del 10 de diciembre.

Con este escenario, Alberto Fernández no tendrá margen para esquivar el problema más acuciante de la coyuntura: la falta de dólares que padece la economía. Ello le demandará explicitar cuanto antes su plan para renegociar la deuda y mostrar algún tipo de compromiso fiscal. Nada más ni nada menos. 

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