El sector asegurador, un aliado para consolidar el desarrollo

Uno de los grandes desafíos que enfrenta Argentina es el de mejorar la conciencia aseguradora, como un pilar fundamental para apalancar el desarrollo económico y social, aspecto que casi no se discute en los países más avanzados.

Si bien estamos todavía muy lejos de otras referencia internacionales, el proceso de globalización con el acceso a la información y a las nuevas tendencias va contribuyendo a que los ciudadanos perciban la valoración positiva del concepto del seguro asociado a todas las etapas de la vida.

Hay prueba suficiente que este hábito nace desde la hora más temprana de la existencia humana por lo cual la educación y la escuela son ámbitos naturales para generar percepciones favorables y vínculos sólidos, que luego se consolidan ante ciertos hitos que ayudan a dar saltos cualitativos a lo largo de las diferentes etapas donde los conceptos de futuro, proyectos, familia, hijos, afectos y entorno comienzan a jugar un rol destacado en la vida personal.

Como suele suceder en otras actividades, también en este caso el análisis y las soluciones deben abordarse desde la multicausalidad, dado el indudable impacto positivo que la actividad del seguro reporta a la construcción de desarrollo económico y social de un país.

En tal sentido, hacia adentro, se advierte que las organizaciones están comprometidas con las áreas de mejora, aportando profesionalismo y solidez tanto en el desarrollo de productos acordes a las nuevas generaciones como en las estrategias de comunicación y contacto con el mercado potencial a través de la fuerza comercial, ya sea propia o de productores asesores.

Por supuesto también hay mucho que hacer desde el punto de vista regulatorio, donde el Estado ya es consciente de una agenda ineludible que se viene conversando y madurando desde hace tiempo en una sana y transparente articulación público-privada. Frente al nuevo ciclo de crecimiento económico que se proyecta para el país, resulta clave evaluar y asumir el papel destacado que las compañías de vida y retiro pueden y deben tener en el mercado de capitales. Y aquí es vital que el Estado aplique herramientas que estimulen el ahorro desde lo fiscal, cuestión que se ha manifestado en forma beneficiosa en todos los países en los que se aplicó.

Haciendo foco sólo en esta cuestión fiscal, quizás vale una mención para ilustrar el campo de mejora. Quien contrata un seguro de vida puede descontar de Ganancias sólo $ 996 al año, mientras que por el seguro de retiro colectivo, la cifra llega a de $ 630. Se trata de valores que no se actualizan desde hace más de 25 años. En aquel entonces, $ 1 equivalía a u$s 1. Es decir que se impone una actualización acorde con la evolución natural de la economía, tal como ha sucedido también en forma insuficiente con las cargas de familia. Como dato complementario, resulta llamativo que no se puedan hacer deducciones sobre los seguros de retiro individuales.

Tengamos en cuenta que, mientras los seguros generales generaron el 81% del total de las primas brutas de la industria en el país, apenas el 19% restante correspondió a seguros de vida y pensiones, cuando en otros países como Chile la proporción es inversa. La participación de los seguros de personas como porcentaje del PBI se encuentra en el orden del 0,6%, mientras que en otros países de América Latina ronda el 3%. Sin lugar a dudas, el desafío es enorme y las soluciones están al alcance de la mano.

 

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