El problema del coronavirus en la Argentina son los años de decadencia

En medio del miedo generado por el coronavirus, el Gobierno y la oposición tuvieron un gesto de grandeza. En una conferencia de prensa, el presidente, Alberto Fernández, sentó a su derecha al jefe del gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, aliado del ex presidente Mauricio Macri, y al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.

Fernández dijo que el país aún no se vio lo peor de la enfermedad, pero al mismo tiempo, tomó algunas medidas que parecen razonables.

Una de las pocas ventajas que tiene la Argentina en el medio de esta pandemia es que el virus llega luego de la experiencia de China y Europa. Es decir que, si bien no hay vacunas, hay un conocimiento mayor de lo que significa la enfermedad, de cómo se contagia y de cuáles son los recaudos que tomaron otros países para que se extendiera lo menos posible. Pero como las dos caras de una moneda, para el país este caso también tiene su lado B. Y es negativo.

El sistema de salud público que tuvo la Argentina supo ser el mejor de América latina y uno de los mejores del mundo. Ya no lo es, aunque en la región sigue estando muy bien posicionado. La decadencia feroz de los '90 tiene consecuencias. Es más, podemos asegurar que ni la educación ni la salud pública lograron revertir el quiebre de los '90.

El coronavirus llega a una Argentina que presenta menos defensas y que tiene una economía diezmada. Hoy nos queda la voluntad de cuidarnos y de cuidar a los más desprotegidos. Es imposible evitar la pandemia en el mundo y estamos lejos de tener un sistema de salud que a nivel país pueda salvar todas las vidas de muertes evitables.

No es un problema de las definiciones que tomó el Gobierno. Es un problema de recursos, es un problema de darle la espalda durante años a los científicos. Por más discurso sensato de Alberto, ahora nos queda a los argentinos el resto: cuidarnos, hacer caso y lavarnos las manos. Son armas prudentes, pero no son las únicas.

En Italia, la cantidad de contagios y de muertes asombra al mundo. Los científicos aseguran que una de las claves es que el sistema de salud italiano viene en decadencia tanto como su economía. Tal vez esa sea la razón por la cual los italianos tienen más muertes que los suizos, los austríacos, los franceses y los eslovenos, países con los cuales limita.

En ese sentido, la Argentina se debate con síndromes de tercer mundo: ¿Si se cierran las escuelas, dónde almuerzan los miles de niños y adolescentes que se alimentan en ellas? Por eso, no hay clases pero las escuelas siguen abiertas. La Argentina de hoy, como en los últimos 50 años, es un país en espiral descendente, donde no se toca fondo pero donde enfermedades como el coronavirus preocupan mucho, porque nos toma mal parados. No somos lo que fuimos. O en definitiva, no hay para todos. Eso es lo que el Gobierno, por más que le ponga voluntad, no se anima a decir.

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