El Gobierno necesita más de los dueños del dólar que Biden de la Argentina

El fin de la era de Donald Trump al frente de la Casa Blanca no solo representará un cambio en la política interna y en la relación de los Estados Unidos con el mundo sino una oportunidad que la Argentina necesita aprovechar.

La asunción de Joseph Biden como 46° presidente de los EE.UU. estará marcada por la urgencia en modificar la política del país que transmitirá el propio mandatario apenas tome juramento. En definitiva, el ex vicepresidente de Barack Obama será ahora un presidente de un solo mandato. Por ello, su agenda de prioridades se fijará en revertir decisiones adoptadas por Trump, de manera de estimular rápidamente a la economía con políticas monetarias y fiscales, atender la emergencia sanitaria y recuperar un multilateralismo que propicie acuerdos comerciales.

En esa agenda, difícilmente aparezca resaltada la relación con Sudamérica, más allá de la postura frente a la administración de Venezuela. Figurarán, en cambio, los conflictos con China, Rusia e Irán; así como la recuperación de alianzas con Australia, Canadá, Japón y Europa, para negociar un tratado de libre comercio. Pero esa apertura y el posible fin de la guerra comercial con China proyectan una oportunidad para la región y, particularmente, para la Argentina, que apuesta a recuperar exportaciones deprimidas para alentar a su economía.

Basta con ver hoy el escenario que ofrece el capítulo comercial y revisar lo ocurrido en los últimos 70 años para entender la escasez de divisas que afecta al país. En 1950, como recordó el analista Marcelo Elizondo, Argentina exportaba 1,9% del total mundial pero ya en 1980 lo hizo en solo 0,4%. Cuarenta años después se estima que, como parte de un retroceso que volvió a activarse en la última década y al que se sumó la pandemia que paralizó el comercio global en 2020, aún esa pequeña participación habría caído a un mínimo histórico, en torno al 0,3%.

Si se tiene en cuenta que EE.UU. es el tercer socio comercial de Argentina, al que se le exporta combustibles, minerales, metales, alimentos y productos primarios; pero sobre todo que es el mayor importador del mundo, resulta imprescindible tener un mejor acceso a ese mercado, más aún al comprobar que el año pasado sus compras al país cayeron casi 20%.

Pero hay un dato aún más relevante en la relación económica entre ambas naciones. Uno de cada cuatro dólares que la Argentina posee en stock de inversión extranjera directa proviene de capitales estadounidenses. Es así que el principal inversor extranjero en el mundo también lo es en el país, con unos u$s 18.000 millones. Y por eso ahí confluyen objetivos comunes que la Argentina no debe desaprovechar. En el cuidado de sus empresas, radicará probablemente el mayor punto de interés económico que la administración de Biden tendrá en la Argentina. Y en atraer inversores al país, el que el gobierno argentino deberá tener para recuperar su economía.

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