

Hay un dato que se viene consolidando en los últimos años y que, si miramos cómo fue evolucionando en la mayoría de las grandes ciudades capitales del mundo, sabemos que se va a seguir profundizando: Buenos Aires envejece. La población de la Ciudad tiene cada vez a más personas mayores con relación a los jóvenes.
Frente a este fenómeno conviven dos lecturas. Una más pesimista pone el foco en la presión creciente que el envejecimiento va a ejercer sobre los sistemas de protección social: salud, cuidados, jubilaciones. Esta es una preocupación legítima que el Estado no puede desatender.
Pero hay otra lectura, igual de real, que suele quedar en segundo plano: ¿de qué nos está hablando el envejecimiento poblacional? ¿Qué nos indica? Además de que hay menos nacimientos con relación a las muertes, el envejecimiento nos muestra que hoy las personas viven más tiempo, con mejor salud y vitalidad. Envejecer también es, en gran medida, la consecuencia de sociedades que lograron mejorar su calidad de vida.
Este es un tema en el que vengo investigando hace tiempo y sobre el que me explayo en un libro que publiqué este año: La metamorfosis del trabajo. Ahí planteo que la prolongación de la vida es uno de los fenómenos que, junto a los avances científicos, el posfordismo y la economía de plataformas, está desestabilizando certezas que dábamos por sentadas en el mundo del trabajo moderno: la idea de una vida dividida en tres etapas rígidas, que empieza por la formación, sigue con el trabajo y termina con el retiro, ya no explica cómo vivimos y mucho menos cómo van a vivir las próximas generaciones.
De la misma forma lo subrayó recientemente el papa León XIV en su encíclica Magnífica humanitas, al reafirmar “la primacía del trabajo humano sobre cualquier lógica puramente productiva o financiera” (MH, N° 30) y recordar que la dignidad intrínseca de la persona humana “no se adquiere, no debe ganarse ni necesita ser demostrada (...) Es un don que la precede y la excede” (MH, N° 50). Esta advertencia cobra especial fuerza ante las transformaciones actuales: el valor de las personas y de su aporte no caduca al alcanzar una edad predeterminada, ni puede reducirse a una métrica de rentabilidad inmediata.
Para el mundo del trabajo este no es un dato menor. Una sociedad que envejece es también una sociedad donde las personas permanecen activas más tiempo, donde la experiencia acumulada vale cada vez más y donde vamos a tener que pensar la empleabilidad ya no como una etapa de la vida sino como algo que se sostiene a lo largo de toda ella.
No se trata de elegir entre la lectura pesimista y la optimista. Se trata de gestionar el fenómeno con la complejidad que merece, entendiendo que el envejecimiento no es un problema a revertir sino una transformación a la que las instituciones van a tener que adaptarse.
Y, al igual que las instituciones, también nos vamos a tener que adaptar las personas. Ya no alcanza con una formación inicial, ya sea de grado, de terciario o en un oficio. En los últimos 10 años todos los rubros sufrieron modificaciones en mayor o menor medida y si queremos seguir formando parte del mercado laboral es necesario aprenderlas.
En el Gobierno de la Ciudad, con el liderazgo de Jorge Macri, trabajamos para procurar lo que llamamos la empleabilidad mínima: un piso de herramientas, de saberes y de certificaciones que le va a permitir a cualquier persona, más allá de su punto de partida, sostenerse en un mercado de trabajo que cambia cada vez más rápido.
En esa línea estamos trabajando junto al Ministerio de Educación en la Agencia de Habilidades para el Futuro. Tenemos una batería de programas que van a seguir elevando la vara de empleados y empleadores en la Ciudad. En lo que va del año impulsamos más de 670 ofertas educativas con iniciativas como Talento Tech, para la formación en habilidades digitales y tecnológicas; SecundarT, para que los chicos terminen el secundario mientras se forman en un oficio; y Construí tu Futuro, para la primera experiencia laboral.
También ofrecemos Prácticas Formativas, talleres de empleabilidad y talleres específicos para mayores de 45 años, y organizamos un Consejo de Empleabilidad junto con Educación y Desarrollo Económico para seguir potenciando la reinserción laboral de ese sector.
La diferencia está en dónde ponemos el foco. Envejecer de manera saludable es una buena noticia para la mayoría de las personas. Como sociedad, también es tiempo ganado. Y ese tiempo se transforma en oportunidad cuando el Estado, las instituciones educativas y todos los que formamos parte del mundo laboral lo usamos para seguir aprendiendo y aportando nuestro esfuerzo y talento para que la Ciudad siga siendo la más linda del mundo.



