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El Club de París puede esperar, pero la que necesita el acuerdo es la Argentina

Tres meses atrás, antes de que el viento de cola de los commodities habilitara un verano relativamente tranquilo en materia cambiaria, tanto el equipo económico como el consenso de los analistas planteaba que el acuerdo con el FMI tenía que estar cerrado en abril, para que sirva como puente hasta la liquidación de la cosecha y facilitara una renegociación de la deuda con el Club de París.

El viento movió la cancha y hoy la fecha de abril pasó a ser un objetivo deseable, pero no imprescindible. El apuro hoy es menor, y el viaje de Martín Guzmán a Washington pautado para febrero se reagendó para marzo, pero con un destinos europeos y asiáticos que alargarán la ronda de definiciones con el Fondo Monetario Internacional.

Lo que cambió en estas semanas es el contexto externo. La demanda china (por su rápida recuperación económica) había activado un aumento en el precio de los cereales y la soja. Esa tendencia se reforzó cuando la confirmación del triunfo de Joe Biden en EE.UU. potenció un escenario futuro de dólar débil que se trasladó a los precios de los commodities que cotizan en Chicago. 

Exportadores y productores sostuvieron un ritmo de ventas que alcanzó para que el BCRA siguiera recomponiendo reservas. El descenso del blue y de los dólares financieros también contribuyó, porque apuró ventas de oportunidad para aquellos que necesitan saldar obligaciones en pesos.

Con este contexto internacional, las definiciones internas que exige un acuerdo con el FMI, básicamente el nivel de déficit fiscal tolerado y el nivel de emisión necesario para financiarlo, se ralentizaron. Martín Guzmán sabe qué números necesita, pero no son los mismos que pone sobre la mesa la política en un año electoral. Mientras esa discusión avanza a puertas cerradas, Economía mira el resto de su tablero de control para saber si puede seguir a este ritmo o si debe acelerar con el Fondo.

Además de la variable dólar, en esta línea pesa la marcha del Covid y su impacto en la economía, porque eso impacta en los ingresos fiscales y en las tensiones que un rebote trae en precios y salarios.

Si todo sigue como hasta hoy, lo que debe medir Guzmán es el impacto que puede tener una nueva postergación de la cuota que hay que pagar al Club de París en mayo. Es el acuerdo que negoció Axel Kicillof en 2014, cuyo último pago de u$s 2100 millones vencía el año pasado pero la Argentina pidió un waiver por la pandemia. 

Eso podría volver a suceder, añadiendo otro 9% anual de punitorio. La ventaja para la Argentina es que en la mesa del club están los mismos jugadores que en el Fondo. Si todos se ponen de acuerdo, el efecto negativo estará contenido. Hay que ver como pega en las expectativas el hecho de que la causa de la demora sean las idas y vueltas sobre el gasto que la política pide para 2021.

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