Zoom Editorial

El camino se angosta y el realismo de los votos marca la nueva agenda

Una incertidumbre menos. El resultado electoral ratificó el clima de malestar social que se vivió en los últimos meses, y tal como ocurrió en las PASO, el precio lo volvió a pagar el oficialismo. Pero a diferencia de lo sucedido en septiembre, las consecuencias ya son definitivas. El nuevo mapa de poder surgido por el voto deberá sostener el accionar del gobierno hasta 2023, responsabilidad que recaerá tanto en manos del oficialismo como de la oposición.

El Frente de Todos consiguió recortar la diferencia en algunas provincias, pero a nivel nacional los números no fueron muy diferentes. La derrota en Buenos Aires, principal distrito del país y bastión histórico del peronismo, habla más de lo que pasó que la lectura fina de algunos distritos, que en todo caso quedará para el análisis posterior de cada candidato.

La pregunta que surge con los datos en la mano es si la estrategia a la que apeló el oficialismo, posterior al cortocircuito entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner, justificó todo el ruido institucional que sobrevino a ese contrapunto. Las renuncias y cambio de gabinete, tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires, no ayudaron a reducir la incertidumbre, porque las señales que proyectaron sobre la economía fueron mucho más negativas que antes. Se profundizó la intervención financiera, lo que implicó un mayor sacrificio de reservas, y se extendió el denominado "Plan Platita", que debilitó la posición fiscal del Tesoro y no sirvió para cambiar el voto de las PASO. Valga este ejemplo: el oficialismo ganó Tucumán (la provincia de Juan Manzur, el jefe de Gabinete) pero con menos votos que en las primarias. Recuperó Chaco y sumó algunos sufragios más en Buenos Aires. Pero en la suma final, lo que importa es que el Gobierno perdió el control del Senado, la cámara que conduce Cristina Kirchner, y quedó a merced de los partidos provinciales para hacer avanzar sus leyes en la Cámara de Diputados.

¿Podría haber sido diferente el resultado si en lugar de estrangular al sector privado por el refuerzo del cepo y el extenso congelamiento de precios, hubiera planteado una propuesta de diálogo con la oposición como la que manifestó anoche Alberto? Ese análisis contrafáctico, como siempre, quedará para la historia.

Hoy lo que queda a la vista es un gobierno que no tiene margen para hacer más giros extraños. Aunque en el discurso rechace el ajuste, la promesa de Alberto Fernández de enviar en diciembre al Congreso un proyecto que recoja los acuerdos existentes con el FMI es una muestra de que hacia adelante habrá más realismo que ideología. En el medio el Presidente escenificará un diálogo político que será ineludible para garantizar la gobernabilidad hasta 2023. No se trata de algo que desea el Frente de Todos, sino de lo que necesita para sostener su futuro político. El sendero se achicó. Habrá que ver a qué ritmo se recorre.

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