El acuerdo con el Fondo crea una chance para repensar el Estado

Para la sociedad que mira la foto de Mauricio Macri y Christine Lagarde en Canadá, y se pregunta por qué el Fondo Monetario Internacional volvió a nuestras vidas, lo primero que debe registrar es que este acuerdo no es para preservar a un gobierno (que pagará un costo político alto por llamar a los bomberos), sino para evitar que el país se deslice hacia una nueva crisis.

Es que la Argentina nunca pudo curarse de su eterna adicción a gastar más de lo que genera. Por eso debe quedar claro que el cumplimiento o no de los compromisos asumidos no es una salvaguarda para la gestión de Cambiemos, que confió demasiado en el gradualismo como receta para tranquilizar a los mercados: es un puente para que todos aquellos que están al frente de un distrito (desde el Presidente hasta un intendente) puedan cumplir sus responsabilidades con menos recursos del sector privado.

El acuerdo con el FMI es generoso, pero duro. Los u$s 50.000 millones superan el aporte que recibió Grecia en su momento, y no contabilizan otros aportes de organismos multilaterales como el Banco Mundial, el BID o la CAF. Como contrapartida, el déficit primario deberá achicarse de 3,2% a 2,7% este año, y llegar a 1,3% a fin de 2019. Es un sacrificio que deberá hacer todo el sector público, pero no por pedido del Fondo, sino como respuesta inevitable de un financiamiento que también hubiera disminuido en aquellos distritos que viven con deuda.

En la Argentina, es tradicionalmente el Estado el que fija sus prioridades a los privados. Discute su presupuesto y determina cuántos impuestos va a cobrar para solventarlo. A los contribuyentes solo les queda adaptarse. O lo que es igual, achicar su rentabilidad, su inversión o su crecimiento.

El sendero de ajuste fiscal que deberá recorrer el Gobierno puede ser una buena posibilidad para discutir qué Estado queremos, qué derechos y roles debe cumplir y cuántos recursos absorberá de la sociedad. Bien entendido, el acuerdo es una oportunidad para que los ciudadanos recuperemos ingresos que la política se lleva sin preguntar demasiado.

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