Educación: más inteligencia, menos artificio

Estar a la vanguardia de la Inteligencia Artificial y el Big Data presupone para cada estado grandes desafíos. Su implementación en los diferentes campos del conocimiento avanza en forma exponencial y existe clara evidencia de sus importantes beneficios. El uso de algoritmos para el análisis e interpretación de imágenes en medicina, programas expertos en agricultura para predecir el momento óptimo para sembrar y cosechar, y una transformación en escala de las formas de producción y consumo en el análisis económico son solo algunos ejemplos. La Educación no escapa a ello y los especialistas estiman en este sector un incremento del 50 % hasta el año 2021 en la oferta de modelos expertos en educación adaptativa y personalizada.

La licenciada Ernestina Menasalvas (2019) en la clase magistral dictada recientemente en el programa de perfeccionamiento en tecnologías emergentes de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) señala que el término Big Data refiere a la diversidad, complejidad y volumen de los datos que se generan y almacenan, los cuales requieren de nuevas arquitecturas, algoritmos y técnicas de análisis para gestionarlos. Esta complejidad se expresa en cuatro dimensiones, las denominadas “cuatro ‘V’ del Big Data , el Volumen de datos, la Velocidad con la que se transmiten; la Variedad en los tipos de datos (texto, imagen, video, otros) y por último la Veracidad o Valor, es decir, el esfuerzo de minimizar la incertidumbre que se tiene sobre los datos para no generar un conocimiento sesgado [1].

En Educación estas tecnologías emergentes mejoran las prácticas de la enseñanza y el aprendizaje, pero aún debe bregarse por regulaciones jurídicas que protejan la privacidad de los datos del estudiante, y de toda aquella información sensible referida al comportamiento académico, que pueda ser usada para condicionar su desempeño.

Hasta este momento solo alguno países tienen leyes específicas al respecto, Estados Unidos, China, la Unión Europea, los Emiratos Árabes, los demás sólo códigos de buenas prácticas.

En esta línea de pensamiento la UNESCO ha publicado recientemente el “Consenso de Beijing sobre la inteligencia artificial y la educación , documento que sintetiza los acuerdos aprobados por 105 estados miembros.

En sus recomendaciones, refiere a la ética y seguridad de los datos instando a los estados a elaborar marcos regulatorios equitativos, transparentes y verificables, observando su impacto en los derechos humanos y la igualdad de género.

Por última ante la falta de investigaciones sistemáticas, invita a fomentar estudios comparados entre países y lograr un enfoque multidisciplinario sobre el impacto de Big Data e Inteligencia Artificial.

Con miras a la agenda mundial Educación 2030, las metas están planteadas, sólo es necesario que cada país asuma estos desafíos y genere nuevos paradigmas en política educativa.

[1] Menasalvas E. (2019). Inteligencia Artificial + Big Data [Material de clase]. Universidad Politécnica de Madrid (UPM) Madrid, España. 22 de Julio 2019.

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