#CASHTAG

Échale la culpa a Tévez

¿A qué alma desvariada del oficialismo se le ocurrió filtrar cuánto recibieron de subsidios energéticos Carlitos Tévez o Marcela Tinayre para disimular el anuncio de aumento de tarifas en el marco de un ajuste fiscal? No te digo que alguno de los periodistas que lo contaron con fruición hubiera parado la pelota para poner algún reparo, pero ¿a ningún cerebro de los que merodean el sector público se le ocurrió decir "che, estamos bartoleando datos personales y se supone que el Estado no debe hacer semejante uso indebido de esa información"?

Pero además, ¿no se dan cuenta que es muy obvio que justo "no se filtra" cuánto les tocó de ayuda a Fabián De Souza o Máximo Kirchner, por citar otros ricos y famosos? Y lo que es peor, ¿nadie registra que en realidad están pegándose un tiro en el pie porque lo que están mostrando no es "la gula" del Apache o de la hija de Mirtha sino el mamarracho que fue hasta ahora la política energética manejada por los mismos funcionarios de Cristina?.

Puede ser un tema menor, pero la movida de 'escrachemos a los hdp a los que les regalamos plata' es el último eslabón de ese corso a contramano que fue la gestión de las tarifas y los subsidios, que como en los mandatos anteriores del kirchnerismo se convirtió en un pasaje directo a una crisis. Tal vez fue el susto, o quizás fue lo obvio de un cambio mundial en los precios de los combustibles lo que le permitió a Sergio Massa meter mano ahí donde nunca se había llegado en los gobiernos del palo: subirles fuerte las tarifas a la clase media, los comercios y las pymes. No daba para mucho más. La distorsión es tan grande que seguro queda corta. La Fundación Mediterránea calculó que desde julio de 2019, en la zona metropolitana el agua subió 20%, la luz 54% y el gas 53%. La inflación promedio trepó 237%.

El consenso que logró el ministro de Economía, Producción y Agricultura se puede ver en en el Twitter de Andrés Larroque, que el día después de lo que hubiera llamado "tarifazo" en otro momento, posteó sobre San Martín, a propósito del 17 de agosto. "¿Dónde están los guapos que denunciaban el ajuste de Martín Guzmán ahora que Massa va aumentar las tarifas más de lo esperado?", se preguntó el locutor afín al oficialismo Eduardo Aliverti el sábado pasado.

Es cierto que ya parecía border el hecho de contar de cuánto son las facturas exactas de AYSA de un par de edificios top, como hizo su titular Malena Galmarini en la conferencia de prensa del -perdón- aumento de los servicios públicos. Pero que casi de inmediato apareciera en la tele "la lista de los ricos y famosos con ayuda oficial" fue un poco mucho. Te surge la pregunta: "¿en qué están?". Una posible respuesta: están tratando de tomar medidas con costo político porque no les queda otra y no le encuentran la vuelta a cómo pararse. Nunca van decir "tenemos este problema y hay que bancarse esto". La que va sería esconderse, no decir ni mu o mandar fruta burdamente hasta que surja otra estrategia.

Mientras tanto, sólo importa si la nueva conducción económica consigue bajar la brecha entre los dólares paralelos y el tipo de cambio oficial. Es el dato. Si afloja sostenidamente, tal vez se aleje el camino al llamado "salto discreto" del dólar, es decir, la devaluación formal de un saque, que lleve a la inflación otro escalón arriba y cualquier chance de resurrección electoral del oficialismo un subsuelo más abajo.

Para eso, goles son amores. Habrá que ver si entran dólares contantes y sonantes de algún lado al ente monetario, ahora que van varios días que logra salir empatado en el mercado de cambios. Si algunos de los exportadores que le prometieron hace dos miércoles adelantar guita finalmente lo hace, tendrán alguna chance, entienden en el equipo económico que aún no tiene viceministro pero ahí va.

¿Aparecerá algún préstamo de corto plazo de bancos de afuera o de algún fondo soberano para el Central, los famosos "repo"? Massa, al asumir el 3 de agosto dijo que se analizaría en "las próximas tres semanas". Está empezando la tercera semana.

SPONSORS SE BUSCAN

En definitiva, lo que necesita el nuevo hombre más visible del oficialismo es tener sponsors. Poder transformar todo el apoyo del sector privado que se supone lo acompaña en su carrera política en gestos de amor que se cuenten en dólares.

Tener quién lo financie en su aventura estabilizadora, tanto dentro del país, donde ha tejido alianzas con el empresariado como nadie, como fuera, ahí donde se supone tiene llegada a los despachos de la Casa Blanca que lo ven como un Caballo de Troya antipopulismo, o algo así. Ojo que el concepto da bien para charla en universidad.

Ojalá le fuera tan fácil conseguir plata como a su amigo Horacio Rodríguez Larreta. El jefe de gobierno porteño logró juntar $40 millones de empresas privadas para renovar 9 monumentos emblemáticos a cambio de carteles gigantes de publicidad, por ahora de firmas como Samsung y Chevrolet. Es gracias a la llamada ley de patrocinios, de poco uso hasta ahora, que para evitar suspicacias en la tierra donde la transformación no para, establece que cada peso que entra por esos avisos sea levantado por el ministerio de Desarrollo Económico porteño y tenga destino específico de aplicación en los arreglos, muchas veces de obras de arte que requieren una restauración muy fina.

En Juntos por el Cambio, no olvidar, si a algo le temen, es a la amplia disponibilidad de cajas que le ofrece la Ciudad a su gobernante para una carrera a la Presidencia. Algunos hasta celebraron que haya tenido que reaccionar y ponerle fin al increíble maná de pesos que era el negocio del acarreo de los autos mal estacionados que manejaban dos empresas con el canon congelado hace ocho años y la recaudación al día.

Al margen, una bomba de tiempo es la Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires, que utilizan unos 300 mil empleados públicos entre docentes y personal administrativo (la Policía local tiene OSDE). Aunque se les descuenta un 6% del sueldo, la atención es un desastre. La presidencia está a cargo de Juan Cela, del gremio SUTECBA que se disputan Amadeo Genta y Alejandro Amor (imperdibles sus fotos en la web sindical). La vicepresidencia corresponde a la Ciudad, un cargo que se ha transformado en un hierro caliente.

En abril, Larreta había designado para tratar de frenar lo que parecía un colapso en medio de la huida de los prestadores y una eterna escasez de turnos a Agustina Olivero Majdalani, la "turquita" hija de la ex capa de la AFI, Silvia Majdalani. El quilombo la sobrepasó. Duró cuatro meses. Acaban de designar a Diego Carusoni, que viene con experiencia en materia de salud laboral, para tratar de desactivar una ola de protestas crecientes en la primera línea de atención médica.

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