Cuando las jugadas de pizarrón no toman en cuenta el estado de la cancha

El adjetivo sustentable no es un escudo a prueba de bonistas reacios a una reestructuración. Así quedó demostrado ayer, luego de que Buenos Aires comunicara que por no haber logrado el 75% de adhesión para aplazar el pago del bono BP21, finalmente cancelará hoy todo el capital que había vencido el 26 de enero. El gobernador Axel Kicillof despotricó contra el fondo Fidelity, cuya tenencia representaba el 26% de la emisión y fue el que bloqueó el plan inicial. Le achacó tener una actitud poco constructiva, y señaló que para no enfrentar un default, se había decidido utilizar recursos propios para saldar la deuda.

La actitud de Kicillof fue celebrada por el mercado, y también por el gobierno nacional. El gobernador había decidido ensamblar su estrategia a la de Martín Guzmán, quien decidió aprovechar la experiencia bonaerense como un primer test. Pero había un margen silencioso de preocupación por la posibilidad de que la provincia llevara a fondo su estrategia y no tuviera éxito. Los inversores pensaban exactamente lo mismo: por eso hubo una fuerte suba de los bonos soberanos tras la conferencia de prensa del ex ministro de Economía, y una baja del riesgo país que llegó a perforar los 2000 puntos.

Pero el discurso del gobernador quedó dañado. Lo criticaron por haber diseñado una jugada que no pudo sostener. Lanzó el aplazamiento del pago a cambio de nada, luego reconoció intereses y después un pago de 30% del capital. Sin el quórum necesario, al final debió saldar todo. Kicillof, por el contrario, aseguró que nunca se apostó al default, y que la voluntad de pagar se sostuvo en todo momento.

Lo que cuestionaron otros actores del mercado de capitales fue que Buenos Aires se ensañara en la disyuntiva de reprogramar o cancelar cash, sin apelar a la posibilidad de buscas otras vías de refinanciamiento. Y acá pesó la postura que siempre mostró el kirchnerismo frente a la deuda, contrario a la emisión de títulos que impliquen un eventual crecimiento del stock. Néstor Kirchner lo transformó en una marca distintiva cuando decidió pagar toda la deuda al FMI y Cristina lo reiteró, al preferir como financista al Banco Central antes que al mercado. Lo curioso es que Axel lo reivindicó cuando avisó que postergaba el pago, pero terminó colocando letras en pesos cuando vio que necesitaba un plan B.

Kicillof irá ahora tras su propio proceso de reestructuración. Pero Alberto Fernández y Guzmán harían bien en escuchar alguna opinión menos dogmática que la de su ministro sobre los riesgos de este proceso a la luz de lo que le pasó a Buenos Aires. El canje propuesto del Bono Dual tampoco funcionó: tuvo 10% de aceptación, porque implicaba una quita en el valor presente que los inversores no convalidaron. No es lo mismo jugar en un tablero que en la cancha.

Tags relacionados