OPINIÓN

Con interrogantes, el Mercosur discute su esencia y estrategia

La globalización es un proceso de ampliación de mercados. Los países celebran acuerdos económicos internacionales para alentar más producción, mejor empleo, más inversión y avances tecnológicos.

El Mercosur se creó hace 30 años acompañando esta tendencia. En ese momento había 50 tratados comerciales internacionales vigentes en el planeta y hoy son mas de 300. El comercio internacional total en el mundo representaba 38% del producto global y hoy representa 60%. Y hoy la integración de mercados no solo se consolida entre países sino entre bloques de países que se alían.

El Mercosur es un bloque de enorme potencial (capacidad de producción para la cadena agroalimenticia; potencial de producción mineral; existencia de dos de las mayores zonas metropolitanas mundiales) pero sufre menguantes resultados en comercio internacional, acceso a inversión extranjera y participación transfronteriza en la nueva economía del conocimiento. Entre los socios del Mercosur el comercio creció hasta hace un decenio y desde ese momento se retrae (Argentina exporta al resto del bloque hoy la mitad de lo que exportaba hace diez años). Y el comercio entre los países del Mercosur y el resto del mundo es tan bajo que hoy es el bloque con menor participación de ese comercio internacional en su producto bruto de todos los existentes.

Por eso Brasil y Uruguay pretenden agilizar la participación de sus empresas en redes internacionales y reclaman pactos de apertura reciproca hoy en negociación estancada (con India, Corea del Sur, Canadá, Singapur y los muy mentados con la Unión Europea y el EFTA); además de reducir el arancel externo común.

Y también una flexibilización para permitir que algunos de los países celebren acuerdos económicos externos, aunque los demás no adhieran. Los productos del Mercosur pagan en el acceso a terceros mercados una carga arancelaria externa 50% mayor en promedio de la de sus competidores por la escasez de acuerdos con terceros.

El pacto no se adapta a cambios productivos mundiales, no se institucionalizó para definir una estrategia común ni creó un sistema de solución de controversias. Y padece la diferencia de visiones: Brasil y Uruguay buscan reformas más internacionalistas, Argentina mantener el modelo endocéntrico.

El rígido formato de unión aduanera -que exige unanimidad para la política arancelaria- no se usa en el 95% de los 300 acuerdos comerciales vigentes en el planeta (que suelen permitir más autonomía a sus miembros). La flexibilidad es propia de un tiempo de disrupción tecnológica, acrecentamiento de diferencias entre perfiles productivos de países y avance de una nueva globalización menos dependiente del comercio de bienes (que es lo que el Mercosur regula) y que pondera más los intercambios de servicios, financiamiento internacional, inversión extranjera y encadenamiento de empresas en redes de capital intelectual y creación de valor en la nueva economía.

Es esto lo que emerge en discusión entre los socios. Reacciones ante pobres resultados. No debería entendérselo como una disputa de coyuntura sino de redefinición estratégica.


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