Con el acuerdo evitamos el naufragio

En el día de ayer, y luego de casi ocho meses de arduas negociaciones, el gobierno argentino ha llegado a un acuerdo de restructuración de los –aproximadamente- 65 mil millones de deuda externa en manos privadas bajo jurisdicción extranjera. A este respecto, caben las siguientes reflexiones:

Se trata, sin duda, de una buena noticia ya que despeja una de las mayores incertidumbres que afectaban el escenario económico; esto es: el futuro de nuestros compromisos de pagos externos de capital e intereses. Sin embargo, no puede dejar de mencionarse algunos errores cometidos en la praxis de la negociación: ausencia de un plan económico; postergaciones reiteradas de las fechas límite para que los acreedores tomaran sus decisiones y presentación de cuatro propuestas, consideradas todas ellas como “la definitiva y la única que podía ofrecer nuestro país . De haberse evitado estas situaciones quizás se hubiera llegado a un mejor arreglo.

Con el acuerdo, básicamente, lo que se ha logrado es haber evitado el naufragio de una economía herida “per se , que además se hubiera visto acompañada por un nuevo default; el noveno de nuestra lamentable historia. Si este hubiera sido el caso, la ya compleja salida de la actual crisis se habría convertido en un escenario extremadamente difícil de resolver.

Asimismo, debe comprenderse que haber evitado el default ha sido “condición necesaria pero no suficiente para encarar -de una vez por todas- la salida hacia mejores horizontes de una economía cuya destrucción actual viene dada por dos años de recesión (2018/2019), agravada en grado sumo por la cuarentena económica y social que, a la fecha, ha alcanzado niveles más allá de lo razonable.

¿Qué otro elemento se necesitaría, entonces, para lograr la tan ansiada condición necesaria y suficiente que nos permitiera salir de la gravísima crisis actual? A este respecto, sería imprescindible contar con un plan integral (con perdón de la palabra) que contemplara un ataque coordinado y simultáneo de todas las vulnerabilidades coyunturales y estructurales que nos impiden avizorar un futuro mejor. Se trataría de recurrir a lo que, a este respecto, indican la experiencia y la teoría económica; esto es: un programa de estabilidad y crecimiento que abarcara la totalidad de las variables coyunturales en juego (monetarias, fiscales, y sociales; entre otras) y que, además, decididamente encarara las reformas estructurales (laborales, fiscales y previsionales) necesarias para “desatar nuestra economía. Caso contrario, seguiremos condenados al fracaso.

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