Comunicar esperanza

La pandemia de Covid dejó muchas enseñanzas. Una de ellas es que, por mucho que se desee una solución rápida para un problema de salud, la ciencia tiene sus tiempos: no puede hacer milagros. También aprendimos que la comunicación es clave para educar y prevenir, pero que los ensayos clínicos no se sustituyen con marketing: por mucho que se comunique que una vacuna o un producto esté en investigación o desarrollo, la única verdad es el producto testeado, aprobado, producido y distribuido: disponible para quien lo necesite. Y eso no se hace con magia, sino con ciencia, inversión y tiempo; sobre todo tiempo.

En las salas de espera de los hospitales conviven la angustia y la esperanza. A veces se impone el miedo a la mala noticia, a la enfermedad incurable, al desenlace fatal. Y a veces predomina el optimismo por el tratamiento que cura o el organismo que, de a poco, se recupera de una enfermedad.

En líneas generales, los consumidores en este último tiempo han elevado sus expectativas y cada vez exigen más de las marcas y los productos que consumen. La industria farmacéutica no está excluida de esa tendencia y tendemos a querer todo y ya.

¿Qué hacer ante esto? Antes que nada, responsabilidad. En este sentido, la industria farmacéutica es una industria compleja que requiere de una comunicación muy sofisticada. Debe atenerse a los hechos, a lo comprobado respetando la regulación vigente

Esta industria tiene por objetivo buscar soluciones para distintas patologías, y cuando no se pueden encontrar dichas soluciones, se proponen alternativas para brindar una oportunidad hacia una mejor calidad de vida en convivencia con la enfermedad, en muchos casos frente a procesos largos y muy complicados, que involucran a familias enteras. La industria farmacéutica está evolucionando constantemente y nuevas drogas y tratamientos están siendo desarrollados todo el tiempo. La comunicación entonces, es esencial para que los pacientes y sus familias, médicos y personal de la salud estén al día con los últimos desarrollos. Y para que los gobiernos, desde su propio rol, complementen al sector privado, de modo que la salud pública mejore en beneficio de toda la comunidad.

¿Qué rol cumplen los medios de comunicación en este proceso? La respuesta es simple: contar la verdad, capacitar a sus periodistas para que puedan entender la complejidad de la investigación clínica y sean capaces de explicarla con precisión, sobre todo cuando existe un lenguaje técnico predominante y fundamentalmente recordar la responsabilidad ética de no generar expectativas.

El público tiene un rol también en todo esto. Aunque la ansiedad que produce la enfermedad propia o de un ser querido sea grande, el camino es buscar las fuentes seguras y en tal sentido, primero siempre consultar a los profesionales de la salud.

Los comunicadores de la industria farmacéutica tenemos la responsabilidad de mirar el mediano y largo plazo: la reputación de las empresas pertenecientes a este sector depende mucho más de la eficacia y seguridad de los productos que salen al mercado, que de la velocidad con que se anuncian.

Nuestro rol debe siempre honrar a la verdad: reconociendo fracasos si los hubiera, celebrando los éxitos, siendo empáticos y fundamentalmente humanos.

Me pregunto entonces cuánta verdad somos capaces de tolerar, entendiendo que las soluciones que se buscan en esta industria muchas veces llevan años de inversión, investigación, caerse y volver a levantarse, y que lo único que nos empuja siempre a seguir adelante, es que hay un paciente que nos está esperando.

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