Coaliciones de gobierno con hiperpersonalismo político

La Argentina de estos tiempos esta desbordada de interrogantes. Pero tal vez el más importante, el que puede desentrañar el futuro, al menos de los próximos tres años, es si las coaliciones de gobierno son viables en países, no solo hiperpresidencialistas, sino además, hiperpersonalistas.

Por solo nombrar dos eventos, el Presidente Alberto Fernández, alentado por la Senadora Anabel Fernández Sagasti, tal vez la primera espada de la Vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner en el Senado, anunció con bombos y platillos la expropiación e intervención de Vicentin. Unos días después, tuvo que retroceder todo lo recorrido y dar de baja la medida. La semana pasada, el Senador Oscar Parrilli (también Cristina puro), aparentemente sin conocimiento del presidente, incluyó un artículo en un proyecto que el propio presidente envió al Senado, habilitando a los jueces a denunciar “presiones mediáticas . Alberto Fernández dejó trascender que había ordenado que dicho artículo se retire, pero luego declaró que el mismo, es “ocioso , restándole trascendencia, tal vez ante la imposibilidad de conseguir que el mismo sea retirado por su propio partido.

Para explicar esto, vale dedicarle un párrafo a lo que todos sabemos. Hay una coalición de gobierno, donde un sector tiene un peso político muy superior a los otros y ese sector lo lidera la Vicepresidenta, no el Presidente. Durante toda la gestión anterior, los analistas especificaban que, incluso en el peor momento del kirchnerismo, en las legislativas de 2017, Cristina Kirchner mantenía un voto sólido de entre 30% y 35%. Por su parte, Sergio Massa, que se sumó a la coalición a último momento, tuvo en 2015 unos 20 puntos porcentuales y las encuestas de principios de 2019 le otorgaban entre 12% y 15% de intención de voto.

Es matemáticas: si en el peor de los casos Cristina aportaba un 30%, y también en su escenario más débil, Massa aportaba 12% y el Frente de Todos obtuvo 48% de los votos, el presidente Alberto Fernández encabeza el sector con menos potencia electoral de la coalición (6%).

Las experiencias de coaliciones de gobierno en Argentina, sean estas claramente definidas o difusas, han tenido diversos destinos y características. La primera de ellas fue el gobierno de la Alianza y el liderazgo se definió por elecciones. Fernando De la Rúa por la UCR, venció en internas a Graciela Fernández Meijide del Frepaso, fue candidato a presidente y por elección popular fue quien gobernó. Al margen de sus errores, su gobierno empezó a desmoronarse cuando el vicepresidente Carlos “Chacho Alvarez, representante del Frepaso, abandonó la gestión. Síntesis: el liderazgo se dirimió antes de llegar al gobierno, pero este se derrumbó al romperse la coalición.

La segunda coalición gobernante fue similar a la actual, en el sentido en que la articularon dos hombres muy distintos, pero miembros del mismo partido (Justicialismo); y fue el acuerdo entre Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner en las elecciones de 2003. Duhalde en ejercicio de la presidencia, buscaba un sucesor. Eligió a Carlos Reutemann ex gobernador de Santa Fe. Por motivos misteriosos “el Lole se bajó, y el líder bonaerense buscó posicionar al cordobés José Manuel De la Sota. Trató, insistió, se empeñó y De la Sota no alcanzaba (se dijo entonces) a “mover el amperímetro . No medía mas de seis puntos con todo el apoyo del gobierno nacional. A regañadientes, Duhalde recurrió a Kirchner y en una extraña elección el santacruceño con 22% salió segundo, pero ganó.

Tanto fue una alianza, que Duhalde le impuso a Kirchner medio gabinete. Tanto lo fue, qué durante dos años, Néstor dependió del bloque duhaldista en diputados para sacar sus leyes. El bloque puramente K en la Cámara Baja, apenas superaba los 20 legisladores. Y cuando Duhalde impuso medio gabinete, no solo puso a José Pampuro y Aníbal Fernández, especialmente dejó a un superministro: Roberto Lavagna manejando la economía.

¿Cómo se terminó de dirimir el liderazgo? En elecciones. La coalición de gobierno no duró justamente por el hiperpersonalismo. Néstor quería mandar, y Duhalde también. En 2005, el líder histórico del peronismo bonaerense mandó como candidata a Senadora por el distrito a su esposa: Hilda “Chiche Duhalde. Y Kirchner, dispuesto ahora sí a disputar el poder y liberarse de su promotor, lo enfrentó con su propia esposa: la entonces Senadora Cristina Fernández de Kirchner. Ganó esta última, en territorio duhaldista y se liberó de la necesidad de la coalición: el bloque K pasó a ser mayor que el de Duhalde y luego lo absorbió en un par de meses. Néstor despidió a Lavagna y entro Felisa Miceli. Fletó a Pampuro y llegó Nilda Garré. Aníbal Fernández se hizo K. Chau coalición.

En 2007 hubo una minicoalición. El kirchnerismo gobernante se alió con el radicalismo K, básicamente compuesto por gobernadores radicales del interior con mucha capacidad de aportar victorias en sus provincias. De ese acuerdo surgió una coalición muy desigual: “Cristina, Cobos y vos . Como siempre vos quedaste afuera al día siguiente, pero Julio Cobos no tardó mucho más. Cuando se produjo el voto “no positivo de la 125, hacía rato que Cobos no lo dejaban entrar a la Rosada. Cristina, recién electa Presidenta, hizo uso de toda su disposición y poder y anuló a Cobos que proponía algunas diferencias. Se quedó con los gobernadores radicales K, que pasaron a ser exclusivamente K, como Julio Zamora, de Santiago del Estero. Cabe preguntarse si en dicha alianza, los radicales K aportaron mucho menos que el 6% que el actual Presidente le aportó a la victoria del Frente de Todos hace algo menos de un año.

La última coalición de gobierno fue Cambiemos. El parecido con la Alianza radicó en que el liderazgo se dirimió antes de alcanzar el poder, en elecciones. Categóricamente Mauricio Macri se impuso a sus aliados y quedó claro quien gobernaría. Pasaron tensiones internas diversas durante la gestión, pero la coalición se mantuvo unida durante el gobierno, y especialmente en el Congreso, lo que le permitió, pese a los avatares y los juicios de valor sobre la calidad de la administración, terminar el período.

Por fin, llegamos a la actual coalición de gobierno que describimos en los primeros párrafos. ¿Es posible que la coalición subsista en un sistema político y con una concepción social hiperpersonalista, sin que el liderazgo quede definido en forma explícita? ¿Cómo se gobierna sin pandemia, cuando el poder no reside en quien formalmente lleva la presidencia? La sociedad, el periodismo y los analistas, esperan, ansiosamente, saber quien manda. Y sospechan que ese no es el presidente. Tal cosa, ¿lo debilita o lo fortalece ante la gente?

Por lógica, la coalición debería subsistir si quien tiene el poder formal se limita a ejecutar los mandatos de quien detenta del poder real. Pero no parece ser, al menos en todos los temas, la intención de Fernández. Tampoco parece en capacidad de hacer “la gran Néstor y enfrentar al kirchnerismo en una elección, aún cuando se aliase con Massa, simplemente porque la “hiperpersona en argentina es Cristina Kirchner.

El liderazgo de las coaliciones de gobierno en la Argentina siempre se decidió en elecciones. Sea antes de alcanzar el poder, o en todo caso, en la primera legislativa posterior. Y tal vez en este caso también ocurra. Por cierto, no va a haber primarias en el oficialismo, pero la confección de las listas de candidatos del año 2021 dejará un indicio sobre si el Presidente intenta copar espacios, o si la segunda mitad de su mandato será bajo el control completo del sector mas poderoso de la coalición.

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