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Cepo al dólar: la curita en un Titanic lejos de la costa

La decisión de apretar, una vez más, las tuercas del cepo cambiario volvió a poner el foco en la luz roja que permanece encendida desde hace tiempo sobre la delicada situación económica que atraviesa la Argentina.

Desde que las restricciones a la compraventa de dólares se reactivaron en el final del gobierno de Mauricio Macri, la escasez de divisas se fue agravando hasta el punto de dejar al Banco Central al borde de quedarse sin reservas netas líquidas, pese a los múltiples ajustes realizados durante los últimos dos años en el cepo y al extraordinario aporte del sector agropecuario, principal abastecedor de la moneda estadounidense en un país en el que no abundan las exportaciones industriales, las inversiones externas ni el turismo internacional, que aún se mantiene en lista de espera.

Pero pese al fuerte ritmo que mantuvo hasta el mes pasado, la liquidación de exportaciones del campo atraviesa hoy un lógico período de progresiva retracción que se extenderá, al menos, hasta la llegada en diciembre de los billetes de la cosecha fina. Y que también está marcado por la baja en la cotización de la soja, que exhibe un valor un 25% menor a los más de u$s 600 la tonelada que llegó a marcar en mayo pasado.

El resultado de ello es una menor oferta de divisas ante una demanda creciente, que se agita ante cada turno electoral y que pone al BCRA ante la necesidad de frenar las ventas con las que procura contener la devaluación y recortar la brecha entre el tipo de cambio oficial y el resto. Por lo menos hasta las elecciones del 14 de noviembre próximo, para que la inflación no pegue un nuevo salto que diluya el efecto de las medidas económicas dispuestas para intentar recuperar el humor social.

Los dólares no alcanzan y las proyecciones realizadas por los especialistas advierten que si el BCRA sigue con esa tendencia, las reservas líquidas, que hoy calculan cercanas a los u$s 2000 millones incluidos los DEG con los que se pagará al FMI, quedarían diluidas antes de llegar al turno electoral.

Pero como quedó demostrado en todas las ocasiones previas, la avidez por la dolarización no se detiene en el país, sobre todo cuando su economía requiere de la importación para producir y sostener el intento de recuperación, después de un 2020 demasiado duro, y cuando esa misma inestabilidad provoca que muchos argentinos salgan a buscar el refugio conocido. Y más aún si la fuerte emisión destinada a llevar "platita al bolsillo" inunda el mercado, algo que finalmente se traslada a los tipos de cambio libre, tanto los oficiales como el paralelo.

Así, en el mar de pesos en el que navega una economía averiada, las nuevas medidas parecen endebles para reparar el problema de fondo. "Es como ponerle una curita al Titanic", graficó un operador en las últimas horas. En la primera rueda de su aplicación dio resultado, al menos para que el BCRA compre dólares en lugar de venderlos. Resta saber si alcanzará para llegar a la costa electoral que aún se ve demasiado lejos.

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