El homenaje a los 60 años de la muerte de Evita mostró al peronismo sindical más resquebrajado que nunca. Cristina no contribuyó mucho a la unidad porque aprovechó la tribuna del acto homenaje en José C Paz para castigar a Hugo Moyano y dejar que uno de los intendentes más conservadores del Gran Buenos Aires, Mario Ishi, lo llamara atorrante. El camionero devolvió la gentileza asumiéndose como opositor y calificando de soberbia a la Presidenta en contraposición a Eva.


Pero más importante que todo este folclore olvidable, es la definición que dio el candidato del kirchnerismo a suceder a Moyano en la CGT, el metalúrgico Antonio Caló, sepultando la credibilidad de las mediciones del Indec y afirmando que, para él, la inflación es del 24%. Y la frutilla del postre fue su mención a la circular 1050, aquella medida que multiplicó las deudas hipotecarias de muchos argentinos durante la última dictadura y a la que el antikirchnerismo señala como el inicio de la prosperidad para la inmobiliaria de los Kirchner en Santa Cruz.


Caló salió así a dejar muy en claro que, si el Gobierno lo quiere al frente de la CGT, deberá admitir que la inflación real no es la del Indec. Seguramente, el metalúrgico ya se ganó la hostilidad de Guillermo Moreno.