Desde hace un cuarto de siglo, en los Estados Unidos se han difundido las apuestas para eventos sociales y políticos. El deporte fue el primer campo en el cual actividades vinculadas eran materia de predicciones y apuestas.
Esto sucedía ya en las primeras décadas del siglo XX y en gran medida estaba en manos de sectores de la mafia. Deportes como el baseball, fútbol americano, boxeo o turf, entre otros, eran materia de apuestas sobre quién iba a ganar y a veces se reunían cifras de dinero de cierta significación para jugar en ellas.
Comenzó siendo una actividad limitada a los sectores populares urbanos, pero comenzó a tener casos aislados en los sectores sociales y económicos altos. Seguidamente, en la política, pasó a ser un ámbito donde penetró las costumbres de las apuestas y predicciones y se extendieron.
Las elecciones presidenciales pasaron a ser los eventos más relevantes de la política con este tipo de juego. La puja electoral entre Kennedy y Nixon en 1960 quizás fue el hecho político que mostró la proyección nacional de este fenómeno.
Pero en los años posteriores comenzó a utilizarse también como elemento de predicción. Junto con el desarrollo de las encuestas y las expectativas de los mercados, pasó a articularse un sistema con diversas variables en las cuales las apuestas jugaban un rol no menor, aunque no eran las únicas ni mucho menos.

Entrando el siglo XXI, este tipo de actividad comenzó a extenderse ya no sólo a las elecciones, sino a hechos trascendentes de la política y el gobierno. Trump, con su estilo que parece buscar el todo o nada, ha pasado a ser materia de apuestas. La detención de Nicolás Maduro en Venezuela fue un caso evidente de esto, que alcanzó no sólo dimensión política, sino también geopolítica. Si Maduro iba a ser detenido o no, o cuándo iba a serlo, eran preguntas sobre las cuales se formulaban las apuestas.
En el caso venezolano, hubo un apostador que llegó a acertar la noche exacta que se produjo la detención. Este pronóstico ya se articula incorporando diversas variables: políticas, geopolíticas, económicas, etc. En este caso, la cotización de los valores venezolanos en los mercados fue un caso especialmente tenido en cuenta. La mejora en la cotización de los bonos de este país era interpretada como señal de que un escenario estaba próximo en función del desplazamiento del dictador venezolano.
Esto plantea otro problema que ya ha despertado polémicas hace décadas en áreas como el deporte y en el mismo juego económico de bolsas, bonos y mercados: el uso de la “inside information” -la información privilegiada proveniente de funcionarios- como insumo central para apostar.
Una década atrás, quizás tuvo lugar un fracaso importante de los operadores en el campo de la política y especialmente en materia electoral. Fue el referéndum sobre el Brexit en Gran Bretaña que tuvo lugar en 2016. Era un hecho clave para el sistema financiero inglés, que apostó claramente al triunfo del no en este hecho político. Conocido el resultado, un directivo de uno de los bancos británicos más importantes se preguntó: “¿Qué nos pasó? Teníamos todas las encuestas, los expertos y el uso del big data en un nivel como nunca antes, pero fracasamos”.
Esto lleva a plantear que la predicción en función de datos e información precisa no asegura el conocimiento anticipado del resultado y eso mantiene el carácter de apuesta en este tipo de juego.
La inteligencia en el ámbito de la seguridad y la estrategia busca la información verificada para tomar decisiones, pero la intuición no deja de ser un ingrediente importante en este proceso. La psicología de los líderes juega también un rol importante y conocerla puede prever con acierto, pero también los hombres y mujeres cambian a último momento y los estados anímicos pueden alterar una toma de decisiones previsible.
Hoy en el mercado estadounidense de apuestas -del que también participan apostadores internacionales-, temas como si Trump va a atacar o no a Irán están moviendo millones de dólares en este ámbito. No sólo se pregunta principalmente si el presidente ordenará o no a sus Fuerzas Armadas una acción militar contra un país militarmente relevante por contar con cierto grado de desarrollo nuclear, sino cuándo lo va a hacer, cuáles van a ser los medios para el ataque, las eventuales acciones de respuesta de Irán, etc. A su vez, las apuestas se transforman también en un predictor, como ha venido sucediendo con las elecciones.
Se miran encuestas, pronósticos, la opinión de especialistas, procesos electorales comparados y las apuestas pasan a ser un predictor más.
Por último, comienzan a intervenir las nuevas tecnologías en este juego. Es el caso de la inteligencia artificial, sobre todo en el análisis predictivo. Hasta ahora si se preguntaba a la IA quién iba a ganar la guerra de Ucrania, ésta contestaba “No tengo información suficiente para contestar a ello”. Pero el desarrollo de esta tecnología está siendo utilizada por apostadores sofisticados para llegar a pronósticos de alta probabilidad hoy.
Todo esto no reemplaza a la intuición de un líder, ya sea político o militar, que a último momento toma una decisión por percibir una circunstancia o por un cambio aleatorio de situación.








