Aurina y la construcción de un rumbo lógico

Las cosas en Aurina se fueron complicando y su Concejo de Administración fue tomando decisiones con efectos controvertidos. Aurina había sido una Feria que irradiaba prosperidad. Congregaba actividades variadas, desde la exposición y comercialización de mercaderías útiles e innovadoras hasta entretenimientos. Era un polo de atracción para el público y generaba empleo.

Con la intención de mejorar las perspectivas, en un momento se empezaron a tomar decisiones extrañas. Entre ellas, el Concejo incorporó equipamiento no funcional y lanzó una campaña de promoción obsoleta. Se añadieron cargas y trámites vistos como superfluos por quienes estaban vinculados a la feria. Algunos puesteros fueron perdiendo ventas porque quedaron atrás ante modernizaciones introducidas por sus competidores.

Por ello redujeron el número de trabajadores, que comenzaron con reclamos de condiciones incompatibles con el funcionamiento vigente. Para compensar esos efectos y fomentar más tránsito, la Administración tomó empleados que paseaban por el lugar. Además, en medio de discusiones tarifarias crecientes, el proveedor de electricidad redujo el mantenimiento e inversiones del servicio, con consecuencias sobre los ingresos de los feriantes.

La falta de éxito de las medidas iniciales estimuló propuestas de "soluciones creativas". Se empezaron a cerrar determinadas puertas para inducir mayor permanencia del público y, más tarde, se lo reforzó al cobrar por su salida. Se suponía que mayor permanencia generaría mayores ingresos. También se prohibió la venta al exterior de ciertos productos, de manera de inducir su consumo en el predio, aunque no hubiese demanda suficiente. Estos hechos sirvieron de base para afectar la reputación de Aurina, desalentó inversiones y llevó a mayor retracción de sus actividades.

De una situación inicial en que los distintos participantes coordinaban acciones y lograban resultados aceptables, se pasó a un ambiente de difícil manejo y fallas recurrentes. Además, empezaron a florecer ferias alternativas. A pesar de contenciones menores, los ingresos de empleados, puesteros y la Administración no dejaban de caer. Los disensos pasaron a confrontaciones, las que sirvieron para canalizar frustraciones y marcar seudo-culpables.

Si bien no se conoce el final de la historia de Aurina, podemos reflexionar sobre cuestiones fundamentales de su (ficticio) funcionamiento y aplicarlo a nuestras (reales) vivencias. Identificamos algunos elementos que sustentan la base de cierta prosperidad:

Una propuesta superadora global genera un resultado mayor que la suma de resultados individuales. Para ello, es útil generar oportunidades e incentivar esfuerzos e ingenio humano en distintos niveles de cooperación.

En un contexto dinámico, sirve manejarse con flexibilidad dentro de parámetros de comportamiento predecibles. Así se generaría una dinámica en la que las partes podrían llegar a repartirse beneficios y evitarían conflictos, que se retroalimentarían.

Si bien no está asegurado el derrame de las mejoras, habría más que antes para el conjunto y se podría discutir cómo hacerlo equitativo y sustentable.Dar un marco de desarrollo, donde sean considerados los integrantes en su conjunto, sería superador a planteos de unos contra otros.Su diseño y manejo debería tratar de minimizar fallas de coordinación que inducen a errores individuales y colectivos.

Observamos también que:

La dinámica que se genere tiende a permear, abarcando distintas dimensiones -desde la administración de los recursos hasta el cumplimiento de contratos.

La coordinación es más eficiente con reglas de juego claras y comportamientos predecibles. Si no fuese así, puede traducirse en mayores costos (reales o percibidos).

La acumulación de desequilibrios a lo largo del tiempo tiende a empeorar las posibilidades de ordenamiento constructivo.

La articulación de una solución comprehensiva pasa preponderantemente por la Administración.

Podemos reflexionar sobre la dinámica de la economía argentina a partir de la evolución ficticia de cosas en Aurina. La resolución de los desafíos es multidimensional. No es pensar solamente en lo fiscal, la inflación -que genera pérdida de ingresos reales y dificulta la coordinación de decisiones individuales- el superávit comercial, la reforma laboral, el valor de la moneda, el funcionamiento del mercado cambiario, la carga impositiva, el diseño tributario o el sistema previsional, entre otros.

Tampoco es ignorar estos aspectos y, mucho menos, los desafíos circunstanciales, tales como la emergencia sanitaria o la emergencia social en segmentos de la población. Se trata de ir clarificando el rumbo y generar recursos para lograr una mejor transición hacia un sistema próspero.

También identificar y cuantificar los desequilibrios a corregir y cómo hacerlo sin fracasar en el intento, en particular llegar a un punto de estabilización de precios y evitar desbordes inflacionarios. Como parece inevitable una corrección inicial de determinados precios, para lograrlo es preciso dar condiciones de mayor competencia y reducción de riesgos sistémicos.

El manejo monetario, con su contrapartida fiscal y de movimiento de reservas sería menos demandante si hubiese más razones para apostar a un esquema positivo de uso y tenencia de dinero. En el mismo sentido jugaría el ordenamiento cambiario, dado que la multiplicidad de tipos de cambio conspira contra el ordenamiento de conductas y alimenta expectativas de depreciaciones, arbitrajes e inflación. Su simplificación y la inercia por actualización retrospectiva de correcciones por precios en ciertos contratos conduciría a una reducción escalonada de la inflación.

Finalmente, se necesita contar con un sistema tributario simplificado y compatible con esquemas competitivos, donde se fomente la regularización, tener un sistema previsional que de una prestación básica y otra vinculada a los aportes de las personas. Finalmente, lograr formas más flexibles de funcionamiento de la economía, donde la innovación sea un factor que permita aprovechar ventajas en un mundo cambiante.

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