Zoom Editorial

Apostar a un peso débil no es la mejor forma de recuperar la confianza

En el mundo de la economía, la confianza gatilla tanto pequeñas decisiones de compra o de consumo, como grandes decisiones de inversión. Está considerada como un intangible, y es común escuchar que "la confianza no tiene precio". Sin embargo, cuando ese factor se quiebra o desaparece, el que sufre su pérdida muchas veces está dispuesto a recuperarlo, y para hacerlo tiene que valorizar de alguna manera esa confianza.

Cuando una persona va a un restaurante y le ofrecen algo que no es de su agrado, o está disconforme con el servicio, el propietario suele compensarlo de alguna forma. Si el cliente queda satisfecho, el valor de esa compensación fue el precio que pagó para recuperar la confianza dañada. La razón de este acto es clave: en el mundo de la economía colaborativa, cada señal de "me gusta" en una aplicación vale oro. De la misma manera, cada comentario negativo se convierte en un lastre que empaña la reputación del que lo recibió una y otra vez.

A nivel país, funciona una lógica similar, pero a otra escala, obviamente. En la Argentina la confianza que despiertan las instituciones es muy baja. Años de crisis hacen que restaurar ese factor sea muy trabajoso y "caro", para seguir la línea del ejemplo anterior. Eso significa que el precio que piden empresas e inversores para hundir capital es alto. Del mismo modo, los ahorristas aspiran a recibir una tasa alta para quedarse en moneda doméstica.

Aquel que perdió depósitos en alguna de las históricas licuaciones inflacionarias (el Rodrigazo) o por las incautaciones que el Estado debió aplicar para evitar un quiebre del sistema bancario (plan Bonex, corralito) es con seguridad uno más de los que prefiere tener una caja de seguridad con su dinero en dólares o directamente, colocarlo en una cuenta en el exterior. Ese colchón es considerado el precio más claro que debe afrontar la Argentina por la falta de confianza de sus habitantes: el Indec lo calculó en u$s 220.000 millones, a valores del primer trimestre de este año. Todos esos recursos volcados al mercado interno cambiarían el rumbo de cualquier economía.

Por eso cuando los gobiernos diseñan estrategias económicas, de alguna manera lo que hacen es poner un valor a sus medidas (contabilizado en los pesos que resignan vía estímulos fiscales), con el objetivo de que ayuden a movilizar fondos, ya sea inversiones o consumo.

A mayor confianza, menos debe gastar un Estado para lograr que se mueva esta rueda. Sin embargo, cada regulación, cada golpe a la previsibilidad, cada intervención que altera las reglas de juego, solo consigue alejar a quien consumo o invierte. El Gobierno espera pescar dólares poniendo pesos devaluados en el anzuelo, una apuesta que hasta ahora nunca funcionó.

Tags relacionados

Compartí tus comentarios