ANÁLISIS

A 100 años de las híper en Europa: un homenaje argentino

La inflación en la Argentina se apresta a superar el 84% obtenido en 1991. A cien años del desarrollo de la hiperinflación en Alemania, nuestro país le rinde un sincero homenaje con subas de precios que pueden en 2023 ser superiores al 100%. El rojo fiscal en ascenso, el gobierno sin crédito en su propia moneda, la bola de nieve de las Leliq, y el atraso del dólar oficial, tarifas y naftas son muestras del retroceso argentino hacia los meses previos a la puesta en marcha de la Convertibilidad.

El economista Thomas Sargent, Premio Nobel en 2011, escribió "El final de 4 grandes inflaciones" en una publicación del National Bureau of Economic Research. Allí describe los eventos de Austria, Hungría, Alemania y Polonia. En todos esos países, la inflación se detuvo con un shock, sin gradualismo, con drásticas políticas monetarias y fiscales.

La primera medida esencial fue la creación de un banco central independiente, comprometido a no financiar al Tesoro de la mano de un cambio en el régimen fiscal existente. "En cada caso que se ha estudiado, una vez que se comprendió ampliamente que el gobierno no iba a apoyarse en el banco central para sus finanzas, la inflación se terminó y el tipo de cambio se estabilizó" señala Sargent. Pero reducir la inflación no es simple: requiere más que unas pocas acciones restrictivas monetarias y fiscales. "Requiere un cambio en el régimen: tiene que haber un brusco cambio en la política del gobierno, o en la estrategia para fijar los déficits ahora y en el futuro que es lo suficientemente limitante para ser ampliamente creíble" sostiene Sargent.

A la gestión de Alberto Fernández, y a la del kirchnerismo en general, la inflación nunca le preocupó. Habrá que aguardar al 10 de diciembre del 2023 para la presentación de un plan anti inflacionario cuyo resultado dependerá de que cumpla con la puesta en marcha de las drásticas políticas monetaria y fiscal arriba mencionadas.

El costo de bajar la inflación no es bajo en términos de desempleo o actividad económica. El margen de acción es limitado. Carlos Melconián se reunió con Cristina Kirchner la semana pasada en un intento para que, quien abogó por la expansión monetaria y fiscal sin límites y por ende de la alta inflación, se vuelva ortodoxa súbitamente. Misión imposible. Tampoco su presencia apoyando un nuevo plan económico serviría para darle credibilidad. Todo lo contrario.

Los números monetarios de la Argentina hoy son dramáticos. La base monetaria llega casi a los $4 billones con otros $6 billones en pasivos remunerados del BCRA, las famosas Letras de Liquidez (Leliq) y pases pasivos. Esto significa que el BCRA tiene una base monetaria y media camuflada como inflación a futuro. Ante una corrida de la deuda en pesos por temor a un default, el Banco Central salió a frenar la caída de precio de los bonos comprándolos con emisión. Luego, absorbió gran parte de esos pesos con las Leliq, apagando el incendio con nafta.

El viernes pasado, en un encuentro con empresarios de Arcor, Molinos, Quilmes, P&G, Unilever entre otros celebrado en el Ministerio de Economía, Miguel Pesce y Martín Guzmán señalaron a coro que la deuda en pesos se iba a cumplir "cueste lo que cueste". La frase llama más a la preocupación que a la calma: significa que el Banco Central inyectará la cantidad de pesos que sea necesaria para cumplir con los pagos de la deuda pública. Una invitación a acrecentar las expectativas de alta inflación a futuro.

El acuerdo con el FMI pasó a ser un elemento decorativo. Nunca sirvió para reducir el riesgo país ni dar credibilidad a lo que se viene en materia económica. Kristalina Georgieva evitó llevar al default a la Argentina con el organismo internacional. Temía poner el último clavo en el ataúd y ser la responsable de lo que ello hubiera provocado en materia económica. Las metas que importan en el acuerdo son ahora anuales para evitar ruidos trimestrales. Casi todos los meses vienen observando un rojo fiscal mayor al de 2021. Un paso al costado del organismo.

El deterioro se va acelerando. Antes los inversores temían que la reestructuración de la deuda en pesos la hiciera el nuevo gobierno que asumiera el 10 de diciembre del 2023. Ahora se teme que sea en tres meses. La renovación de los vencimientos se reduce y se concentra en los tres meses subsiguientes. Las paritarias se cierran con ajustes trimestrales.

Thomas Sargent, la semana pasada en un influyente artículo en The Wall Street Journal, criticó sin piedad el accionar de la Reserva Federal. Su titular Jerome Powell, abandonó la política inaugurada por Paul Volcker, de un accionar previo al surgimiento de la inflación. La reacción llega después. Con el dato de 8,6% interanual de mayo, subió 75 puntos básicos las tasas. Tarde y con pérdida de credibilidad. Bajar la inflación en Estados Unidos tendrá su costo ahora en actividad y desempleo. Son otras magnitudes a las de la Argentina obviamente. Pero el kirchnerismo seguramente lo utilizará en su relato. Mal de muchos....

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