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Ya no es pecado aparecer en una foto con un dirigente de diferente signo político

Imagen de Fernando Gonzalez

Fernando Gonzalez Director Periodístico

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Por ahora son fotografías y son palabras. El viernes estuvieron juntos en Tucumán el presidente Mauricio Macri, el gobernador local, Juan Luis Manzur, y el de Salta, Juan Manuel Urtubey.

Un día después, en Jujuy, a la postal del carnaval se sumaron el mandatario anfitrión, Gerardo Morales, y el ex candidato presidencial, Sergio Massa. Esa misma mañana, el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet, afirmaba que podía respaldar en el Congreso la propuesta argentina a los holdouts si el Gobierno mostraba una actitud comprensiva con las provincias opositoras.

Y ayer, el salteño Urtubey volvió a sorprender con una frase contundente: "No soy macrista, pero en dos meses en Salta se consiguieron más cosas que en los últimos ocho años".

El mensaje de Urtubey tenía un destinatario perfectamente claro. Se refería a los ocho años de gestión de Cristina Kirchner, con quien siempre mantuvo una relación distante y plagada de recelos mutuos. Lo cierto es que la épica de la confrontación, que tiñó la década kirchnerista, le ha dado paso a una tendencia política diferente.

Los gobernantes de distinto signo político han vuelto a dialogar sin tensión y ya no temen perder la identidad por el pecado de mostrarse juntos. No hay ingenuidad en el caso del peronismo porque los dirigentes mencionados apuestan a mostrarse como los referentes de un nuevo liderazgo.

De todos modos, es saludable que la concordia y los nexos de Estado se transformen en moneda corriente de la Argentina de estos tiempos, al menos hasta que las elecciones legislativas de 2017 estén en el horizonte.