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“Venid, e invertid: ya casi somos un país serio”

ANDRÉS FERRARI HAINES Profesur UFRGS (Brasil). @Argentreotros http://argentinaotros.wordpress.com

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“Venid, e invertid: ya casi somos un país serio”

Según se cuenta en Brasil, durante el Mundial de 1958 en Suecia, antes del partido que su selección debía jugar contra la temida Unión Soviética (favorita a ganar esa Copa del Mundo), el entrenador brasileño Vicente Feola presentaba a sus dirigidos algunas jugadas muy elaboradas que culminarían, teóricamente, con la pelota adentro del arco contrario: “el 4 brasileño avanzaría por la punta porque el 8 ruso lo perseguirá; pero la pelota la tendría el 7 brasileño, haciendo que el 5 y el 7 rusos crean que iría con ella a la línea de fondo…pero en realidad, se la toca al 10 de Brasil que estaría libre porque los dos defensores centrales rusos habrían ido a su área esperando el centro…”.

En eso, Mané Garrincha, “o jogador do povo” de Brasil, interrumpe: “Bárbaro, Sr. Feola… pero ¿usted ya arregló todo esto con los rusos?”

El espíritu de Garrincha parece reflotar cada vez que el gobierno argentino explica su estrategia de crecimiento. Viene aplicando —y con elevadísimo costo político y económico — una serie de medidas justificadas con un mismo y único argumento: llegarán inversiones…

La explicación sigue el molde Feola: hay que reducir el gasto en jubilaciones, así los inversores van a confiar en que existe seriedad de gestión de las cuentas públicas;  disminuir el empleo público porque de esa manera van a sentir seguridad en que se podrá controlar el gasto público;  flexibilizar el mercado de trabajo porque sentirán tranquilidad de que los sindicatos no los presionarán por aumentos de salarios que no correspondan; bajar el déficit fiscal porque van a confiar que no habrá inflación; firmar el Acuerdo de Libre Comercio Mercosur-Unión Europea porque se van a convencer que Argentina pasó a ser “un país serio”. Todo esto, dicen, hará que lleguen las inversiones…

Aquí aparece el espíritu de Garrincha y surge la pregunta que inspira: “Macanudo, jefe. Pero ¿ya arreglaron con los inversores?” En realidad, la zozobra es mucho mayor ¡ni siquiera hay “rusos” con los que arreglar!

¿Quiénes son estos etéreos inversores?; ¿cuántos son?; ¿cuándo vienen?; ¿en qué van a invertir?; ¿cuál es la magnitud de sus inversiones?; aun invirtiendo, ¿tendrán otras “molestias a modificar” para quedarse?

Está claro que la estrategia que se está aplicando para atraer inversiones es disminuir tanto la actividad interna como el nivel de consumo, todo junto a una política de mantener un tipo de cambio bajo. Esto en base al entendimiento de que lo primordial - para que vengan inversiones -, es acabar con la inflación. Esto crearía, como corresponde a “un país serio”,  el ambiente económico idóneo…y vendrán inversiones.

Pero ¿cuál es la base de experiencia histórica que sustente este argumento abstracto? ¿Dónde y cuándo las inversiones se han trasladado por estar interesadas en arribar a “ambientes económicos idóneos”? Está claro que en marcos altamente inestables es casi cierto que un inversor opta por la seguridad y no arriesga sus recursos. Pero aún bajo esos contextos más inseguros, antes que invertir simplemente porque existe un ambiente económico idóneo, es mucho más probable que lo haga en un ambiente volátil si considera que el retorno de la inversión justifica asumir el riesgo. E inversiones en esas condiciones, la historia económica tiene muchas.

Por lo pronto, el gobierno debe manifestar si esa estrategia se basa en el argumento que el ambiente económico idóneo por si solo atraería las inversiones o si éste constituye un factor que genera un aumento del retorno en las mismas —y cómo y en qué sectores -. Esta cuestión necesita ser aclarada. En el primer caso, porque se debe explicar por qué el ambiente económico idóneo argentino sería más atractivo que los demás ambientes económicos idóneos existentes en la actualidad en el mundo. En el segundo caso, se debe explicar si ese no-se-sabe-cómo incremento en los retornos a las inversiones superaría aun así los retornos que podrían obtenerse en otros lados y, además, justificaría el riesgo de que la Argentina aun no es un ambiente económico idóneo “pleno”, como el propio gobierno admite.

Sin explicaciones y análisis más detallados y profundos, el argumento “Ahora somos un país serio” da la impresión de que se basa en creer que los inversores del mundo simplemente están ansiosos esperando que la Argentina “haga los deberes” para, finalmente, venir corriendo a satisfacer su más íntimo deseo de venir a invertir en nuestro país. Esta sensación resulta reforzada en el reciente episodio del ministro de hacienda Dujovne con el profesor Jorge Fonseca de la Universidad de Madrid.

El ministro, en un Foro de economía cuyo público estaba formado por empresarios y académicos, mencionó cómo estaría adecuándose la economía argentina al marco que el gobierno considera idóneo: convergencia de tarifas de servicios públicos a precios de mercado, eliminándose subsidios, pero aun así controlándose la inflación al nivel de la meta del 15%; que la deuda argentina es sostenible porque las necesidades financieras van bajando con la reducción del déficit; que por primera vez se está negociando en serio el acuerdo Mercosur—Unión Europea. Estos argumentos apuntan a la visión de que el gobierno estaría, así, construyendo el “ambiente económico idóneo”.

Esta tarea era necesaria porque, según continuó, doce años de “populismo” habían generado enormes distorsiones no solo económicas, si no también culturales y de respeto a la ley, que debían corregirse para que Argentina tenga bases sostenibles sobre las que crecer. Y remató, evidentemente, que este crecimiento vendría a través del desarrollo de la inversión privada.

Ahora, se supone que para el gobierno sería suficiente la creación del ambiente económico idóneo porque cuando Fonseca le preguntó “¿Cómo espera que vayan las inversiones a la Argentina si el ministro mantiene su patrimonio en offshore?", Dujovne, después de ponerse insólitamente nervioso, responde que su patrimonio estaba declarado y presentado ante la Oficina Anticorrupción. Es insólito que se ponga nervioso porque significa que no esperaba la pregunta cuando es una pregunta evidente que debía ser hecha y debía tener una respuesta pensada. En todo caso, sorprende que no se la hayan hecho anteriormente.

Y es insólito, en segundo lugar, porque su respuesta responde mal la pregunta ante el objetivo que busca: atraer inversiones. Porque, si la pregunta tiene una dimensión legal, moral y ética, también tiene una dimensión económica, que es la que debe considerar para “atraer inversiones”. Mantener el patrimonio en el exterior puede ser legal, moral y ético; pero la pregunta continúa siendo válida porque, al ser económica — como correspondía en un marco empresarial-académico —, apuntaba a la relación rentabilidad-riesgo. La defensa que le hace luego su viceministro de Hacienda, Sebastián Galiani, justificando que Dujovne mantenga sus ahorros en el exterior por causa de la atroz historia inflacionaria y fiscal argentina, confirma lo mismo: que la estrategia de que basta el ambiente económico idóneo para atraer inversiones está equivocado; lo primordial es la relación rentabilidad-riesgo. Así, esa mise-en-scène del gobierno, como también efectuó el presidente Macri recientemente en el Fórum Económico Mundial en Davos, parecen meramente danzas de la lluvia que harán “llover inversiones”.

Si el gobierno estuviese siguiendo un análisis de rentabilidad, Dujovne, por ejemplo, podría haber contestado tranquilamente que en su tipo de inversión de ahorro familiar era más rentable esa forma de aplicación, lo cual era normal para una economía abierta. Pero que, en otras actividades, de las cuales no son su rubro, la economía argentina presenta excelentes oportunidades de retorno. Claro, ahí tendría que mencionar cuáles. Pero esto parece no ser necesario para “la danza de la lluvia de inversiones”.

Siendo que la Argentina representa, según el Banco Mundial, menos del 0,8% de la producción global, identificar los sectores con atractivo retorno no parece ser un tema menor. Más aún dada la estrategia del gobierno que está dejando el atractivo del mercado interno mayormente negativo— ya que es la variable de ajuste para generar el ambiente económico idóneo. Por lo tanto, por descarte, la actividad sería producir para exportar.

Pero aquí también la escena no parece atractiva. Uno de los grandes problemas es la competitividad, que el gobierno cree que se resolverá sin “tocar el dólar”, que viene agravándose desde hace más de un lustro.

Recientemente han sido divulgados datos que señalan que el porcentaje argentino de exportaciones respecto del PBI no sólo se encuentra en mínimos históricos, sino que es también uno de los diez menores en el mundo. Las exportaciones argentinas crecen a un ritmo bajísimo, entre la mitad y un tercio de casi todos nuestros países limítrofes. Inclusive muy inferior al período “errores del pasado” del siglo anterior. Mientras las exportaciones industriales cayeron cerca de un tercio, también está cayendo, inclusive, la participación argentina en el comercio mundial agroindustrial.

Brasil, al final, venció a Rusia e inclusive obtuvo su primer mundial. Pero ojo: no sólo tenía a Garrincha; ¡también a Pelé! Por eso, es difícil determinar cuál fue la importancia de la estrategia del entrenador. Pero para Argentina, si no se acordó con los rusos, la situación parece bien más complicada.

En una nota del Cronista de diciembre, María Iglesia detallaba que el Gobierno lucía optimista y que se estaba mostrando al país en forma adecuada para atraer la "lluvia" de inversiones, que todavía no ha llegado. Pero parece que la razón la tiene el Profesor Fonseca quien, luego del evento, expresó que el gobierno daba una imagen poca seria y de pobre intelectualidad ya que parece basarse en pensar que los demás son tontos.  

Como no lo son, y como tampoco se identifican los sectores rentables en los cuales invertir, es evidente, como también manifestó Fonseca, que está en curso un modelo económico en base a la minería y a la soja, que sería para 4 millones de personas, y no 45 millones.

Pensar que Aldo Ferrer, en junio de 2008, ante varias comisiones de la Cámara de Diputados y con gran difusión mediática posterior, declaró: “si no contamos con una estructura integrada, no vamos a poder tener pleno empleo y, por lo tanto, nos va a sobrar al menos la mitad de la población”. Como no se hizo entonces y no se hará ahora, más que danza de la lluvia para atraer inversiones mejor sería cruzar los dedos esperando que los chinos se hayan hecho adictos a la soja argentina…

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Comentarios9
Alberto Refusta
Alberto Refusta 27/02/2018 07:30:30

Uno de los mejores artículos que he leído. Coincido 100%

Funes Forfai
Funes Forfai 27/02/2018 05:39:50

"No invertiría en un país donde me tuvieran de Ministro de Economía". (Groucho Dujovne)

Gerardo Martinez
Gerardo Martinez 27/02/2018 05:18:08

Excelente columna. Otra vez. Gracias Cronista por convocar columnistas que no repitan el verso de la derecha

fede pestoni
fede pestoni 27/02/2018 04:24:15

Qué punto de vista singular e interesante !! Cómo hacer para que lo lean y reflexionen en el gobierno ?? No aporta mucho como solución, pero sí para para bajar el ilusionismo a tierra. Para cuándo el trabajo en equipo ?

Jorge Colombo
Jorge Colombo 27/02/2018 03:25:40

Excelente columna y análisis es tal cual....

El Naranjo Mecanico
El Naranjo Mecanico 27/02/2018 01:09:46

Lamentablemente hasta una nueva crisis con su consiguiente devaluación esto no va a arrancar.

La respuesta de Dujovne debió ser, ¨A Seguro lo llevaron preso y lo prudente no es poner todos los huevos en la misma canasta¨. Y eso es universal. No le pedimos a los inversores que pongan todo en Argentina. ¨rubenardosain.wordpress.com¨

Jorge Colombo
Jorge Colombo 27/02/2018 03:27:09

Bueno el tiene todo afuera y cero en argentina....al menos en la economia real....

piopio
piopio 27/02/2018 01:06:04

Muy buena nota.