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MERVAL

Venezuela y el Mercosur

Imagen de ROBERTO GARCÍA MORITÁN

ROBERTO GARCÍA MORITÁN Diplomático y ex vicecanciller

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El Mercosur enfrenta un nuevo dilema en momentos, entre otros, que parecería iniciar una nueva fase dinámica de mayor apertura al mundo. El posible acercamiento a la Alianza del Pacífico es un ejemplo.

Qué en ese contexto la Presidencia Pro Tempore, representación política y legal del Mercosur, recaiga en Venezuela, un país que no representa los valores que implica la democracia y el respeto por los derechos humanos, no es el mejor mensaje ni hace a las aspiraciones de su nueva proyección internacional.

Tampoco responde al conjunto de instrumentos que surgen de los tratados de Asunción, de 1991 fundacional del Mercosur, y de Ouro Preto, de 1994, complementario del anterior. El tema no es menor por cuanto hace a la credibilidad del Mercosur ante el mundo y a los valores que representa.

La tensión que genera ese traspaso es consecuencia de años de condescendencia del Mercosur con el espiral de excesos poco democráticos del gobierno venezolano. El panorama hoy es más crítico con un aumento de presos políticos y un creciente desconocimiento del papel que le corresponde al Poder Legislativo, además de la anulación del Poder Judicial, y pone claramente en duda el carácter democrático del país conforme, entre otras, a los normas del Mercosur. Tampoco Venezuela ha ratificado los instrumentos sobre el respeto a los derechos humanos que es pre condición para ser miembro pleno.

La resistencia a que Venezuela asuma la Presidencia Pro Tempore en el último semestre del 2016 tiene argumentos razonables pese al antecedente de haber cumplido esa función en el 2014. La transferencia de la Presidencia por el principio de rotación alfabética no puede ser automática cuando están en jaque valores esenciales como son la democracia y los derechos humanos.

Venezuela lo tendría que entender y abstenerse a cumplir esa función o, por lo menos, hacer gestos concretos que demuestren una firme voluntad política de enmendar la grave situación que enfrenta. La liberación de los presos políticos como el compromiso de respetar al que disiente, podrían ser ejemplos.

Evitar los riesgos de una fractura del Mercosur es importante como lo ha demostrado la diplomacia de Argentina y Brasil. Sin embargo, pese a ese esfuerzo la respuesta hoy está del lado de Caracas. Venezuela deberá finamente decidir si prefiere estar aislada o se encamina a recuperar la normalidad institucional conforme a su propia Constitución.

Es de esperar que Venezuela reflexione y de señales claras que se encuentra dispuesta a cumplir plenamente con los valores del Mercosur. Tiene tiempo para hacerlo, como para modificar comportamientos, hasta que el Consejo del Mercado Común, representado por los Cancilleres, se reúna en agosto para volver a considerar la grave situación. Es una oportunidad diplomática que Venezuela no debería desperdiciar.

El Mercosur, por su parte, no debería olvidar nunca que las aspiraciones fundacionales, según expresiones de los Presidentes Alfonsín y Sarney, era la perspectiva de convertir al bloque regional en un ámbito sustantivo económico comercial de carácter democrático y de plena aplicación de los valores fundamentales. Los documentos constitutivos así lo reconocen. A 25 años de su creación esa visión conceptual debe seguir siendo la bandera principal del Mercosur.