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Venezuela: entre el fin de la diplomacia del petróleo y el fantasma del estallido

venezuela maduro

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Las cosas han cambiado en este 2016 para el socialismo del siglo XXI, la revolución bolivariana que soñara Hugo Chávez, ahora en manos de su sucesor, el asediado Nicolás Maduro. Lejos quedaron las fotos de saludos fraternales con Lula Da Silva y Néstor Kirchner, u otras más recientes con distintos actores pero con la misma entente. La región le hace ahora exigencias de cambio a Venezuela.

En su intento por recobrar protagonismo, la OEA (Organización de Estados Americanos) parece lejos de conseguir que se aplique a Caracas la Carta Democrática, que significaría su expulsión como miembro del organismo hemisférico. Pero ya la declaración firmada ayer que exige el urgente diálogo político con la oposición representa un escenario inédito para Maduro.

Incluso en la Unasur, el foro presidencial promovido en su momento por Lula, hay sondeos para avanzar una dirección similar. Algunos vientos han cambiado de dirección en el Cono Sur.

El problema para Venezuela es que su política exterior, su vinculación regional, no puede separarse de su política interna. La necesidad de construir un sistema de alianzas, con base en una comunidad ideológica y una ampliación de su mercado petrolero para reducir su dependencia de exportador clave a los Estados Unidos, fue concebida como parte de un mismo cuerpo, envuelto en la retórica nacionalista, desafiante de Washington y con el Estado casi como exclusivo actor.

Con una inmensa billetera, Venezuela pudo hacer uso de la ‘diplomacia del petróleo’. Pero ahora los bajos precios internacionales –comparados a la década anterior- le han vaciado su presupuesto. Con la crisis política de por medio, importantes aliados regionales ya no dicen presente, y eso puede representar un gran condicionante para Maduro.

Temores

Cabe preguntarse por qué la OEA y varios han visto con urgencia darle un giro a la situación. La respuesta puede ser inquietante: en las conversaciones entre países se evalúa que la situación de desabastecimiento que sufre la población y las divisiones internas en las Fuerzas Armadas podrían derivar en un estallido y la grave consecuencia de una guerra civil.

El efecto sería altamente negativo, por ejemplo, para Colombia, que tiene una frontera caliente con Venezuela y que se encuentra forzando la marcha para poder abrochar un acuerdo de paz con las FARC. El impacto migratorio y el aprovechamiento de la situación por parte de organizaciones del narcotráfico harían más explosivo el cóctel.

La situación de Brasil en plena transición política, un jugador clave para la estabilidad regional y con lazos sensibles con Caracas, le agrega suspenso al escenario.

El otro problema es que el aislamiento ha sido una receta de probada ineficacia para los países latinoamericanos, también para quienes buscaron aplicarlo como escarmiento.

Como podía esperarse, Maduro reaccionó ante el reto de la OEA con su acostumbrada retórica ‘antiimperialista’ (“Metanse su carta por donde le quepa”, les respondió). Pero parece que ya es hora de bajar un poco de la tribuna.