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Variables económicas después del triunfo de Donald Trump

El inesperado triunfo electoral de Donald Trump es ya parte del pasado. Historia, entonces. En los mercados, sin embargo, no hay ninguna tristesse. Tampoco han entrado, para nada, en pánico. Es más, comienzan a reflejar lo que los inversores creen habrá de ocurrir después del 20 de enero próximo, cuando Donald Trump asuma la presidencia de su país.

Se espera una era de crecimiento más rápido; de menor presión fiscal, por reducción de las tasas impositivas; de inflación un poco más pronunciada; y de tasas de interés algo más altas. A lo que suman la expectativa de tensiones fuertes en el plano del comercio internacional, con la aparición de una cuota de proteccionismo, tanto respecto de México, como de China y del resto del mundo. Hay hasta quienes pronostican la posibilidad de ‘guerras comerciales’.

Se supone, no obstante, que la economía del país del norte podría crecer a un ritmo anual del 2,2% del PBI en el 2017 y del 2,3% en el 2018. Lo que es claramente bien diferente de crecer al 1,5%, como en los últimos doce meses. Suponen que la prometida intensificación de la obra pública será previsiblemente el principal dínamo del aumento esperado de la actividad económica.

El dólar se ha apreciado como nunca desde el 2003, prácticamente contra todas las demás monedas de alguna significación, con la excepción de la libra. Y muy especialmente contra las monedas de los países emergentes. Hablamos de un 2,9% promedio de aumento, desde las pasadas elecciones.

Por todo eso, la Presidente del Federal Reserve, Janet Yellen -a quien Donald Trump no mira ciertamente con buenos ojos, pese a lo cual ella ha anunciado su intención de completar su mandato hasta febrero del 2018- sugiere que las tasas de interés norteamericanas podrían ya comenzar a subir. Desde el 13-14 del próximo mes de diciembre. "Relativamente pronto", dijo.
Para los fondos de pensión del país del norte todo un alivio, desde que con las tasas cercanas a cero ellos se han estado debilitando operativamente, desde hace rato.

En consonancia con lo antedicho, los salarios norteamericanos están aumentando anticipadamente; en octubre pasado, un 2,8% anualizado, el ritmo más alto desde el 2009, cuando la economía norteamericana se volviera anémica.

Mientras esto sucede en los EE.UU., en China el yuan, en una surte de contracara, se está debilitando. Un 1,5% desde el triunfo de Donald Trump. La economía está bastante empantanada. Y aparecen lo que algunos creen son burbujas prontas a explotar, especialmente en el sector inmobiliario. Hay asimismo una persistente corriente de fuga de capitales hacia el exterior que, sugiriendo alguna desconfianza, parece no detenerse. En octubre pasado solamente se perdieron unos u$s 45 billones de reservas por esa razón. No obstante, la tasa de crecimiento china para este año sigue siendo estimada en un 6,5% del PBI. La máquina de crecer se ha desacelerado, quizás, pero está lejos de haberse detenido.