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SÁBADO 23/03/2019

Una política de Estado para el shale argentino

Una política de Estado para el shale argentino

En 2017 la OPEP y otro grupo de países productores liderados por Rusia acordaron compromisos de cortes productivos de 1.72 millones de barriles día para levantar el precio del crudo. La evaluación de cumplimiento de los recortes a mayo de 2018 permitió verificar el sobrecumplimiento de las metas; la producción mundial de crudo se redujo más de 1.82 millones de barriles día. Pero en ese período, mientras la producción sujeta a restricciones caía, la producción de shale oil de Estados Unidos que había bajado con la reducción de precios del petróleo, empezaba a recuperarse sin pausa y con prisa. A principios de 2018, se esperaba que la producción estadounidense agregara alrededor de 1 millón de barriles día promedio año. Era el consenso de los gurúes del Departamento de Energía americano, de la OPEP y de la Agencia Internacional de Energía.

El crecimiento de la producción de shale estadounidense superó con creces las expectativas. Según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, la producción de petróleo crecerá este año un promedio de 1.53 millones de barriles día, más del 50% de lo que habían previsto. Estados Unidos, que este año ocupará el podio de primer productor petrolero del mundo, con unos 12 millones de barriles día promedio, dejando atrás a Arabia Saudita y a Rusia, está probando que, a caballo de la producción de shale oil, se está convirtiendo en el swing producer, o productor "equilibrante" del mercado mundial de petróleo.

No es buena noticia para los productores cartelizados que, con los compromisos de recortes productivos, buscan estabilizar los precios del petróleo (sus presupuestos son muy dependientes de esa cotización) y, hasta ahora, contaban con la capacidad de bombeo adicional de los sauditas para morigerar los bandazos hacia arriba de los precios cuando las restricciones de suministro preocupaban.

En el 2014, cuando todavía se dudaba de la capacidad de reacción de los frackers estadounidenses a la baja de precios, la OPEP aumentó la oferta y el barril de petróleo cayó a 40 dólares. La producción de shale se resintió, pero bajaron los costos y aumentó la productividad hasta que la organización de exportadores y Rusia convinieron los recortes en 2017. En esta oportunidad, a principios de este mes, los mismos socios decidieron que era mejor recortar la producción y apuntalar los precios que tratar de hacer sufrir a la industria del shale con otro período de bajos ingresos. Hubo compromisos de recortar 1.2 millones de barriles día. Pero la nueva actitud implica convalidar el nuevo rol que tiene la producción de shale en el mercado mundial de petróleo. Como producción que se parece más a la "minería petrolera" es muy sensible a las oscilaciones de precios, pero tiene mayor flexibilidad que la producción convencional para adaptar el nivel de actividad. Es más capital intensiva y tiene mayores costos, pero a medida que se avanza en el estado de las artes, los costos bajan y la productividad aumenta. La irrupción del shale como suministro adicional reduce el poder de la oferta sujeta a cortes y augura precios más competitivos para la actividad petrolera.

Como la Argentina está entre los 4 países con desarrollo de shale (petróleo y gas) y la producción de shale va a ganar creciente participación en la producción doméstica, el desarrollo intensivo del shale pensando en los mercados internacionales impone una política de Estado. Está claro que vamos a ser tomadores de precios tanto en petróleo como en gas (referencia Henri Hub para el GNL), y que precios a la baja pueden tornar no competitiva nuestra producción. Las políticas de Estado deben evitar el oportunismo político cortoplacista y focalizarse entonces en el otro componente de la renta de estos recursos: los costos. La estabilidad macro, condición necesaria, debe ocuparse de los costos financieros. Pero a partir de un escenario de estabilidad que erradique la inflación crónica, las políticas a acordar, con incidencia en los costos, deben tener en cuenta el componente de renta que apropia el Estado (regalías, ingresos brutos, impuesto a las ganancias, retenciones), incluyendo definiciones sobre mecanismos que habiliten fondos contracíclicos (a nivel provincial y nacional); y definiciones sobre los costos empresarios con incidencia en la rentabilidad que define la inversión. Allí los costos logísticos, los acuerdos laborales y el resto de la carga impositiva son determinantes. La previsibilidad de reglas y los horizontes de largo plazo son imprescindibles para que la Argentina no desaproveche el potencial de recursos no convencionales que puede desarrollar.

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