Una economía con signos positivos, pero entre amenazas y especulaciones

El mismo día en que se conocieron los números de la economía de septiembre, cuando el nivel de actividad cayó 6,9% interanual, el presidente Alberto Fernández, advirtió que será inflexible y va a caer con todo el peso de la Ley de Abastecimiento contra aquellos que acopien de manera especulativa materiales para la construcción. ¿Contradicción? ¿Cómo que si la economía se hace añicos, hay especuladores que no quieren vender? ¿Está bien enfocado el problema? ¿Hasta qué punto es más negocio quedarse con la mercadería que vender?

Todas las preguntas tienen respuesta. En primer lugar, si bien el Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) acumuló una baja de 11,9% en los primeros nueve meses del año, el 6,9% de septiembre marca en realidad una reducción a la mitad de la tasa de caída, porque en agosto la baja fue de 11,8%. Además, contra agosto, la suba fue de 1,9%. Es decir, según los números del Indec, la economía comenzó a recuperarse. No alcanza, pero hay indicios de que lo peor, si es que todo sigue controlado, ya pasó.

En segundo lugar, la pandemia y la cuarentena hicieron que las fábricas trabajaran con menor capacidad, ya sea porque en los primeros meses la demanda fue menor (la caída de la economía lo indica) o porque ahora hay que equilibrar el abastecimiento.

Está claro también que, tanto para los fabricantes como para los corralones, contar con un tipo de cambio sin sobresaltos dinamiza el intercambio y la fabricación de bienes. La respuesta a la sospecha sobre si hay o no especuladores es fácil: sí, pero la mejor manera de eliminar la especulación es contar con un panorama concreto en el que el tipo de cambio no cuente con los cambios bruscos de los últimos meses.

En este punto, en el Gobierno tienen un argumento a su favor: el tipo de cambio oficial sigue relativamente anclado, el inestable es el dólar paralelo. Es cierto, pero también es cierto que los precios de los insumos se mueven al ritmo del oficial y el de los productos al del oficial y también al del dólar paralelo.

Ahora lo peor que le puede pasar en este sentido a la economía es que los fabricantes no fabriquen porque no saben si van a poder contar con los dólares, y que los corralones no vendan porque prefieren acopiar mercadería, ya que ese acopio es una suerte de seguro contra la devaluación.

La especulación existe desde que el hombre está sobre la tierra. El mejor remedio es no crear situaciones para que esta suceda, algo de lo que el Gobierno debe hacerse cargo. Por otro lado, lo del Presidente por ahora es una amenaza, pero también funciona de alerta sobre un punto que molesta y mucho a los empresarios: la intervención en la economía. En este caso, los empresarios tampoco deben crear las condiciones para que pase, y también deben hacerse cargo.

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