Una decisión que cuida la caja, anunciada antes de la llegada del FMI

Dar a conocer la forma que guiará el ajuste de las jubilaciones antes de la llegada de la misión del FMI fue una decisión meditada. Para empezar, nadie del Gobierno quiere que se sugiera que esta cuestión fue tamizada por la misión del organismo, que arribó ayer a Buenos Aires. Pero en paralelo, la fórmula elegida desactiva un problema a futuro, que es la indexación del gasto previsional. Si se mira el anuncio desde el lado fiscal, el cambio que impulsa el Frente de Todos, tiene incorporado una búsqueda de equilibrio que se podría traducir como un ajuste leve.

El Gobierno decidió, básicamente, reponer el criterio que se aplicó desde 2008 hasta 2017, que consistía en un índice compuesto por 50% de la variación de la recaudación impositiva y el restante 50% por el indicador que mide la evolución salarial de los empleados registrados.

Mauricio Macri había propuesto cambiar esa fórmula por una ligada a la inflación, por dos razones: porque en el empalme había un desfase que favorecía al Estado, y también porque había una apuesta a una evolución descendente del índice de precios.

En ese momento, bajo un gobierno no peronista, los gremios habían conseguido recomposiciones salariales superiores al IPC y por eso pesaba el costo fiscal de las jubilaciones. Si alguien hubiera analizado el cambio con perspectiva histórica, hubiera llegado a la conclusión de que en la Argentina los años en los que la inflación le ganó a los salarios son más que los años en los que perdió.

Pero en ese momento el cambio fue percibido como un retroceso, al punto de que el Congreso impuso un cambio en la fórmula por pedido del peronismo. Miguel Angel Pichetto, en ese momento referente opositor en el Senado y vocero de los gobernadores, logró que Cambiemos aceptara una fórmula compuesta: 70% inflación y 30% salarios. El macrismo aceptó porque la ley que se aprobó venía con otras modificaciones, como una suba optativa de la edad de jubilación hasta los 65 años para las mujeres y 70 para los hombres.

Con las devaluaciones de 2018 y 2019, la inflación se disparó y arrastró con ellas el presupuesto destinado a pagar las jubilaciones. Por eso Alberto Fernández suspendió esa fórmula y aplicó sumas fijas, amparado en la declaración de la emergencia económica.

El Ejecutivo se tiene más confianza en lograr una recomposición del salario que en domesticar la inflación. Por eso defiende el regreso al criterio anterior con el argumento de que incluye una mejora real de los ingresos. Sin embargo, Guzmán explicó que al incluir la recaudación como factor de ajuste se apunta a "compartir el crecimiento y a la vez cuidar la sustentabilidad fiscal". Si el Gobierno creyera que recaudación y salarios van crecer más que los precios, no hubiera alterado el cálculo. La señal que recibió hoy el FMI a su llegada es una decisión política que cuida la caja. Nada menos.

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