Contáctenos

A través de este formulario podrá dejarnos sus comentarios, sugerencias o inquietudes.

Dirigido a:

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Reportar Comentario

Estas reportando este comentario a la redacción de El Cronista.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Recomendar Nota

A través de este formulario podrá recomendar la noticia que esta leyendo.

Todos los campos son obligatorios.
Cancelar

Una comunicación oficial con pocas palabras

A esta altura, el ‘Plan social’ en sentido amplio es la clara representación del fracaso. La existencia de este tipo de instrumentos difundidos por todo el país, originados hace mucho, y sin fecha de vencimiento solo expresan la ausencia de respuesta al problema de la pobreza en la Argentina con todo lo que eso implica. Ser beneficiario de un plan social in eternun explicita la falta de oportunidades. Es una condena para el que lo recibe y una arbitrariedad para el que mira que otro lo recibe, además de anular el concepto de contribución, aporte, etc. que una persona puede sentir que brinda a la comunidad donde vive. Hay sociedades enteras para las que la idea de generación de recursos desapareció de su lista de preocupaciones. Solo importa tener el contacto con los propietarios del poder para que el empleo público o el plan se active en su vida.

Estar cerca del poder garantiza la recepción de beneficios y es sobre esta lógica de relacionamiento bidireccional (yo te doy - vos me pedís), sobre la que se monta la dinámica social y política en general en las provincias más pobres. Milagro Sala, es parte de ella porque actúa en ese contexto. Su perfil no resultaba superador de cierto feudalismo, en ese sentido. Tanto a Milagro Sala como al gobierno de Fellner se le adjudican importantes falencias vinculadas al perfil institucional. Solo se diferencian por grados. La Tupac Amaru no ofrece resguardo ni reglas y por este motivo resulta más despiadada. La imagen negativa de Milagro durante 2015 superaba al 80% posicionándose como una de los dirigentes peor valorados entre los co provincianos, casi 20 puntos por debajo de Fellner.

A esto se suman algunos traspié de organizaciones sociales que han tenido lesiones reputacionales graves, fundamentalmente las más próximas al poder político observando oscilaciones significativas en sus niveles de confianza en la opinión pública que las identifica más con la clase política que con el trabajo social. Durante la crisis de Sueños Compartidos la imagen de las ONG’s en la Argentina se desplomaron más de 20 puntos en AMBA, solo se vuelve a recuperar con el Papa Francisco que traccionó sobre la categoría dado que la integran muchas instituciones cercanas a la Iglesia.

No obstante, en un país donde nadie va preso, resulta impresionante observar que la primera sancionada resulte ser una dirigente social. Semejante imagen amerita una sobre dosis comunicacional, especialmente para aquellas audiencias que se encuentran lejos de la problemática jujeña y del PRO. Estamos en otro país sin habernos movido y en 2016 somos habitantes de uno cuyo Presidente va a Davos, no quiere a Venezuela; no insulta al sector agropecuario, en el que desaparecieron 678, Victor Hugo y Szposki y la Casa Rosada es más rosa viejo. La comunicación oficial debería, más ahora que después, relatar este viaje que si bien no es territorial nos deja a muchos kilómetros de dónde estábamos hace muy poco, rodeados de un nuevo paisaje que es clave ayudar a interpretar.