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Un sistema tributario para el siglo XXI

MILTON GONZÁLEZ MILLA Socio de EY Argentina

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Un sistema tributario para el siglo XXI

La humanidad atraviesa un proceso de cambio comparable a la segunda revolución industrial. En esta columna sostendremos que el siglo XXI acaba de comenzar y que esta coyuntura presenta amenazas que pueden convertirse en oportunidades para la Argentina. El sistema impositivo es un buen ejemplo: aunque su configuración actual es un obstáculo para la inversión, una reforma moderna podría ponernos a la vanguardia de las naciones más competitivas.

Vivimos en una era en la cual los intangibles y la economía digital motorizan la creación de valor. Los expertos en actividad agropecuaria señalan que la adopción de tecnología e instrumentos de precisión tendrán un efecto más revolucionario que la siembra directa. En el segmento industrial las fábricas usan cada vez más intangibles: los robots y el conocimiento desplazan a las máquinas y a los obreros. En el sector de servicios el software y la inteligencia artificial desembarcan en ramos tan disímiles como la medicina o la industria de los servicios financieros.

Algunos intelectuales piensan que el siglo XX comenzó en 1914 con el inicio de la primera guerra mundial. Fue la eclosión de este conflicto lo que puso de manifiesto la puja de intereses que vivía occidente a raíz del cambio de paradigma que significó la segunda revolución industrial. En este sentido, el ascenso de Trump a la presidencia de Estados Unidos puede considerarse el comienzo del siglo XXI. En efecto, uno de los emergentes institucionales de esta nueva revolución productiva es la crisis de las democracias en occidente.

Argentina también tiene expectativas de embarcarse en un cambio institucional que debería tener una dimensión impositiva. Nuestro sistema fiscal se basa principalmente en impuestos a las personas físicas y tributos a la cadena agroindustrial. Un modelo pensado para el siglo XX. Crear puestos de trabajo tiene costos prohibitivos para las PYMES, empujadas a la informalidad. En los últimos quince años la presión tributaria se duplicó: pasó de un 20% al 40% del PBI. Sin embargo esta altísima presión tributaria recae solo sobre algunos: coexisten a la par actividades exentas y grandes bolsones de evasión.

¿Cuáles podrían los ejes de un nuevo sistema fiscal? El primero ampliar la base de contribuyentes. Por ejemplo: un país con este panorama y 30% de pobreza merece un debate profundo sobre los impuestos a la renta financiera. El segundo alentar la creación de empleo formal. Por ejemplo: ¿Qué sucedería si se permitiera una deducción extra del salario de los empleados formales? El tercero dar un tratamiento claro al motor de creación de valor en este siglo: los intangibles y la economía digital. Por ejemplo: adoptando el concepto de presencia digital significativa.

La administración Macri se propuso impulsar el ingreso de Argentina en la OCDE. Para lograrlo deberá encarar una reforma impositiva ambiciosa. Será una gran oportunidad por discutir estas ideas.

 

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