Un poco de Justicia para las víctimas de la tragedia que logró despabilar a la Argentina

Nunca es suficiente el castigo cuando la pena es tan grande. Nueve años de condena para uno de los empresarios que concesionaban el Ferrocarril Sarmiento. Ocho años para Juan Carlos Schiavi y seis para Ricardo Jaime, los secretarios de Transporte que cumplían órdenes y administraban la ineficacia de Julio De Vido y de Cristina Kirchner. Tres años y medio para el motorman de la formación que chocó contra la estación Once y llevó a la muerte a 52 personas e hirió a otras 789. Parece poco remedio para aliviar el tamaño de tanta congoja. Pero vale la pena escuchar a María Luján Rey y Paolo Menghini, los padres de Lucas, el chico que quedó atrapado en el cuarto vagón del tren hasta que lo encontraron sin vida un par de días después. “Les ganamos a los corruptos y a los asesinos , dijeron ellos, que llevan cuatro años luchando contra esa impunidad que suele ganarle tantas batallas a la Argentina.

Pero el país adolescente no es el mismo desde que sucedió la tragedia de Once. El dolor y la muerte lograron despabilar a esa sociedad que parecía adormecida. Desde aquella mañana de espanto, ya ningún presidente ni ningún ministro pudo volver a decirnos que el Estado estaba presente. La ausencia estatal cambió el humor ciudadano, produjo resultados electorales sorprendentes y es el mayor desafío que tienen por delante los gobernantes actuales. Macri y Vidal, Larreta y Urtubey, Bonfatti y Alicia Kirchner. La Argentina que viene necesita puentes y desagues que eviten las inundaciones. Necesita centrales eléctricas que eviten los cortes. Necesita cloacas, rutas, autopistas y trenes que transmitan la vida en vez de acelerar el camino hacia la muerte. Todos los dirigentes tienen que saberlo porque ésa es la única manera de honrar la memoria y que el sacrificio de tantas víctimas no haya sido en vano.

Tags relacionados