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Un plebiscito para la (des)Unión Europea

La convocatoria del Primer Ministro británico a un plebiscito el 23 de junio para decidir la permanencia o no de Gran Bretaña en la Unión Europea es un signo de estos tiempos. Es que los orígenes de la actual UE no respondieron a criterios económicos, sino políticos. Era necesario transformar en socios a Alemania y Francia, países que se habían enfrentado en tres sangrientas guerras en menos de 100 años. Así nació la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, cuyo tratado constitutivo se firmó en París el 18 de abril de 1951. Esta experiencia sirvió de antecedente para la creación en 1957, mediante el Tratado de Roma, de la Comunidad Económica Europea (CEE), conformada por la denominada ‘Europa de los Seis’: Alemania
Occidental, Bélgica, Francia, Italia, Luxemburgo y los Países Bajos. Con la entrada en vigor del Tratado de Maastricht en 1993, se transforma en la Unión Europea, denominación que pone en evidencia su carácter no solo económico, sino también político. Es este tratado el que resuelve la creación del euro, la moneda única europea que debuta en los mercados el 1´ de enero de 1999.
A partir de allí, el proceso integrador va ganando en intensidad y extensión hasta llegar hoy a 28 países miembros, 19 de los cuales utilizan el euro como moneda. Este proceso, sin embargo, tuvo un quiebre a partir de la crisis del 2008. Desde entonces se multiplican las dificultades en varios de sus miembros, como Grecia, España, Portugal e Irlanda. En este contexto, Alemania, que a partir de su reunificación a principios de los 90 había impulsado la concepción de una Europa como potencia, en la que visualizaba su rol de liderazgo, comienza a ser discutida. Su posición frente a los inmigrantes produce fuertes oposiciones Las medidas de austeridad que recomienda a los países en crisis, generan fuertes discrepancias. Se visualiza, entonces, el ensanchamiento de una grieta entre los países del norte y del sur y este del continente, que es la que alimenta la propuesta de una Europa a dos velocidades.
En este panorama se inscribe el eventual alejamiento de la Gran Bretaña de la Unión. En realidad su incorporación fue tardía, en 1973. En dos oportunidades anteriores había intentado ingresar, pero fue vetada por Francia, gobernada entonces por el general De Gaulle, quien la veía más como un apéndice de Estados Unidos que como un país con vocación europea. Finalmente ingresó en 1973. No obstante, declinó incorporarse a la zona euro y mantuvo actitudes críticas que fueron profundizándose con el tiempo. Esto condujo a someter a una consulta a su población, el próximo 23 de junio, sobre la permanencia o no en la Unión. La reacción europea no se hizo esperar, y llegó con una propuesta al primer ministro David Cameron de una serie de medidas ‘excepcionales‘ con una vigencia de 7 años. Entre ellas: la no discriminación de cualquier país miembro, participe o no de la moneda única; dejar sin efecto aquellas regulaciones que se consideren innecesarias; reemplazar el principio de ‘cada vez una
unión más estrecha’ y fortalecer el rol de los parlamentos nacionales; limitar los beneficios sociales a inmigrantes provenientes de países de la unión, los que serán incrementados para quienes permanezcan más tiempo en el país receptor. La última de las condiciones ha merecido críticas, en especial de Polonia y Hungría. A esta altura, sólo el resultado del referendo británico dirá si se trata de una crisis superable o significa el principio del fin del sueño europeo.